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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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PEDRO GUERRA / LA PROVINCIA
El Aaiún, Pedro GUERRA,
enviado especial
«Estamos muy preocupados por Aminatu. Cada día que pasa empeora su salud y deseamos que esto se resuelva cuanto antes». Así habla para el diario «La Provincia», del grupo editor de LA NUEVA ESPAÑA, Chrif Haidar, hermano de la activista saharaui en huelga de hambre. El rostro de Chrif muestra la preocupación de la familia, que vive con intensidad el conflicto que mantiene en vilo a los gobiernos de España y Marruecos, y a los de medio mundo.
Son las seis y media de la tarde en El Aaiún, una hora menos que en la España peninsular. Han pasado 32 días desde que Haidar fuera expulsada de Marruecos después de escribir «nacionalidad saharaui» en la tarjeta de entrada que se rellena al pisar territorio marroquí. En el número 314 de la calle Al Jadid, domicilio de la activista saharaui, sólo está Chrif, el sexto de los siete hermanos de Aminatu Haidar. Ella es la mayor y él tiene 22 años, no trabaja (el 85% de la población de El Aaiún está en paro) y sale a pasear en espera de que vuelva el resto de la familia.
«Están todos en el hospital, mi madre y también los hijos de Aminatu». Un miembro de la familia se encuentra enfermo, explica. Chrif revela que la situación de su hermana se está haciendo «muy dura de llevar, sobre todo para los hijos de mi hermana y para mamá. Sabemos que ha perdido peso, lo hemos visto en la prensa, y estamos intranquilos». Pero también son conscientes de su voluntad: «No va a parar hasta conseguir su objetivo, pero la necesitamos aquí con nosotros», explica.
Los dos hijos de Aminatu, Hayat, de 15 años, y Mohamed, de 14, son los que peor lo están pasando. «Mi madre intenta que no vean las noticias y que vayan al colegio con normalidad, pero es imposible», explica el hermano de la activista.
«Es duro ver lo que ocurre con Aminatu. ¿Sabe usted lo que es un mes sin poder verla, y sabiendo que está en huelga de hambre? La familia está muy afectada y sólo deseamos que el problema se pueda solucionar», se despide Chrif.
En torno al domicilio de Aminatu Haidar hay policías de paisano por todos lados. Nadie los ve, pero todo el mundo sabe que están. La capital del Sahara Occidental es, probablemente, una de las ciudades más vigiladas del mundo en estos momentos, debido a la huelga de hambre de esta activista de 42 años que se mantiene firme en sus convicciones: «Mis principios no se venden», dijo la pasada semana a un representante del Gobierno español.
Nada más aterrizar en el aeropuerto de El Aaiún, llama la atención la increíble cantidad de policías, militares y miembros del control de fronteras que esperan a los pasajeros a pie de avión. Es el último vuelo del día y en el aeropuerto se ven otros dos aparatos con unas letras muy bien identificadas: UN (Naciones Unidas).
Aproximadamente una hora tarda en salir del aeropuerto después de que un policía realice un pequeño interrogatorio al periodista. «¿Viene sólo? Espere un momento». Y desaparece con el pasaporte para volver al cabo de diez minutos. Eso sí, con bastante amabilidad. Un paseo por El Aaiún (150.000 habitantes) es suficiente para ver que en cualquier calle hay un uniforme de la Policía marroquí (azul) o del Ejército (verde). «Pero hay muchos que no llevan uniforme», asegura el guía. «Y luego están los chivatos. De esos hay todavía más». Antes, en el avión, un joven asegura: «Imposible pasar desapercibido. Aquí se sabe todo». Es El Aaiún, la ciudad de Aminatu.
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