EFE
San Sebastián / Oviedo
El rechazo del clero guipuzcoano al nuevo obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, encontró ayer duras críticas por parte del PP vasco y una aparente indiferencia del Gobierno socialista de esa comunidad autónoma. La voz más dura fue la de la presidenta del Parlamento vasco, la popular Arantza Quiroga, quien lamentó que los curas de Guipúzcoa hayan «confundido su vocación», ya que, a su juicio, se han dedicado a hacer política «de la mano» del PNV.
Para Quiroga, el documento escrito por el clero guipuzcoano contiene «auténticas barbaridades». La dirigente popular aseguró que le produce una «profunda y tremenda tristeza», porque Munilla es un sacerdote que «dice lo que dice la Iglesia» y que «no se inventa nada». Asimismo, calificó de «curioso» que no hayan remitido la carta al Vaticano y sí lo hayan hecho a los medios.
El presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, afirmó, por su parte, que a los párrocos guipuzcoanos «se les ve el plumero» y los acusó de que «son políticos antes que curas». Basagoiti añadió: «Se le va viendo la sotana a esos curas que se negaban, o que ponían pegas, para que celebrásemos funerales de compañeros nuestros asesinados como Miguel Ángel Blanco».
Desde Vitoria, la portavoz del Gobierno vasco, Idoia Mendia, consideró que el Ejecutivo no debe inmiscuirse en asuntos de la Iglesia y afirmó que es a ésta a la que le corresponde «resolver sus discrepancias, si es que las tienen».
El portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, Josu Erkoreka, consideró que las críticas que la mayoría de los párrocos guipuzcoanos han dirigido contra Munilla las han realizado «con conocimiento de causa» y sin «connotaciones políticas» en esa censura.
La diputada de UPyD en el Congreso, Rosa Díez, consideró que el hecho de que la mayoría de los curas guipuzcoanos hayan unido sus voces para criticar «por no ser nacionalista» al futuro obispo de San Sebastián y antes fueran incapaces de mostrarse de forma unánime en contra de ETA demuestra que «hasta qué punto está podrido un sector de la Iglesia vasca», que «no está al servicio de los ciudadanos, sino del nacionalismo institucional y violento vasco».