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MATÍAS VALLÉS PALMA DE MALLORCA «Quien tendría que decírmelo no me lo ha dicho». Jorge Dezcallar Mazarredo niega con una mezcla de firmeza y cautela diplomática su pase de la Embajada española en Washington a la jefatura de la Casa del Rey, una hipótesis que gana fuerza en las quinielas de nombramientos en la Zarzuela. El representante español ante la corte de Obama no descarta absolutamente su cambio de destino. «No puedo decir ni que vaya a ocurrir ni que no vaya a ocurrir». La conversación tuvo lugar ayer por la tarde, mediodía en la capital estadounidense.
El antiguo embajador en Rabat y el Vaticano resalta su satisfacción con la misión que desempeña actualmente. «Estoy feliz en Washington, encantado de la vida». La labor que desempeña ante el país más poderoso del planeta «me llena de contenido y llevo en ella algo más de un año». Sin embargo, los comentarios sobre un futuro en la Zarzuela se han filtrado al otro lado del Atlántico. Dezcallar insiste en que «nadie me ha dicho nada». Sin embargo, añade que ese dictamen es válido «en este momento».
La ruleta de cambios en el gabinete de prensa de la Zarzuela, unida al nombramiento en ese departamento de Ramón María Iribarren -periodista próximo a Dezcallar-, ha intensificado las cábalas sobre el regreso del embajador. El diplomático mallorquín se mostraba ayer «un poco sorprendido» por la difusión de noticias que califica de «rumores sin fundamento». Adoptando una posición subordinada, insiste en que «nadie me ha dicho nada», pero antes como negativa a especular sobre una mera posibilidad que como rechazo radical de la misma.
El actual jefe de la Casa del Rey es Alberto Aza, destacado protagonista de la transición suarista. En paralelo, Dezcallar ha obrado el prodigio de gozar de la confianza plena de Felipe González -a quien acompañó en la Moncloa y en la dirección general de África- y de José María Aznar. El presidente conservador otorgó al primer director civil del espionaje español mayor prestancia que a la mayoría de los miembros de su gabinete. Zapatero ha encargado al diplomático la recomposición de las torturadas relaciones con Washington. El líder socialista y su embajador compartieron ante el televisor la velada electoral de 2004, en la que John Kerry no logró desalojar a George Bush de la Casa Blanca.
El jefe de la Casa del Rey en los próximos años se enfrentará a la tarea de pilotar la primera sucesión al trono de la España contemporánea, un tránsito que requerirá de unas sobresalientes dotes de comunicación. Juan Carlos de Borbón mantiene unas excelentes relaciones con Dezcallar, a quien recibe periódicamente en audiencia. El trato es especialmente afectuoso con la Reina, que el pasado verano asistió a una conferencia pronunciada por el embajador en Washington.
Jorge Dezcallar constituye el eslabón más visible de una saga diplomática que ha logrado un auténtico pleno, al conseguir que tres hermanos ocupen simultáneamente las embajadas en Washington, Berlín y Mauritania. De consumarse su llegada a la Casa del Rey, sería su segundo jefe mallorquín, pues ese cargo ya fue desempeñado por Nicolás de Cotoner, el marqués de Mondéjar. El afectado insiste en que la atmósfera en torno a un futuro nombramiento «no tiene ningún sentido». Desde Estados Unidos, confirmaba ayer asimismo las reuniones entre altos cargos marroquíes y Hillary Clinton, para desbloquear el caso de Aminatu Haidar.
Según el embajador, que gozó del aprecio personal de Hassan II, la responsabilidad de lo sucedido «es de Marruecos desde un principio».
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