EFE
Madrid / Bilbao
Miles de personas secundaron ayer en Bilbao la manifestación convocada por varios partidos nacionalistas vascos para exigir que se respeten los derechos de los presos de la banda terrorista ETA y el final de su dispersión.
Los manifestantes no portaron ningún cartel con fotografías de los presos de ETA, aunque sí corearon los tradicionales lemas de la izquierda abertzale de exigencia de «presos a la calle. Amnistía para todos», «los presos vascos a Euskadi», «independencia» o «sin amnistía no hay paz».
La manifestación, que dio comienzo pasadas las 17.30 horas, fue convocada por las formaciones nacionalistas EA, Aralar, Alternatiba, el partido vasco-francés Abertzaleen Batasuna (AB) y militantes de la izquierda abertzale y apoyada por los sindicatos ELA y LAB, después de que la Audiencia Nacional prohibiese la impulsada a la misma hora y mismo día por la asociación de familiares de presos de ETA, Etxerat.
Una hora antes del inicio de la marcha, cuya prohibición había sido solicitada por el PP y la asociación Dignidad y Justicia, el juez Ismael Moreno, de la Audiencia Nacional, dictó un auto en el que autorizaba su celebración al entender que esta convocatoria es distinta a la realizada por Etxerat y prohibida por el mismo órgano judicial.
La marcha discurrió sin incidentes a lo largo de la Gran Vía de Bilbao, vigilada por dotaciones de la Ertzaintza, tal y como había solicitado el juez Moreno en su auto.
Los partidos convocantes cedieron todo el protagonismo de la marcha a los familiares de los reclusos de la banda terrorista, que la encabezaron con una gran banderola en la que figuraba una reivindicación de acercamiento de sus allegados a cárceles vascas.
Los dirigentes de las formaciones políticas y sindicales nacionalistas Pello Urizar, secretario general de EA; Patxi Zabaleta, coordinador de Aralar; Óscar Matute, fundador y líder de Alternatiba, y destacados ex dirigentes de la ilegalizada Batasuna como Rufi Etxebarria, Jone Goirizelaya o Arantza Urkaregi ocuparon un discreto segundo plano.
Horas antes, las fuerzas de seguridad del Estado habían explosionado una mochila sospechosa que estaba situada en el módulo D del aparcamiento de la T-4 del aeropuerto de Madrid-Barajas y que finalmente se ha comprobado que no tenía explosivos.
La mochila estaba situada en la planta 0 del módulo, que fue desalojado y acordonado 15 minutos antes de que los agentes procedieran a la detonación.
Una vez concluida esta operación de control, se ha reabierto el módulo sobre las 13.20 horas para que los ciudadanos pudieran acceder al aparcamiento.
En este mismo aparcamiento fue donde ETA hizo estallar una furgoneta-bomba el 30 de diciembre de 2006, que causó la muerte de dos ciudadanos ecuatorianos y que supuso el final de la tregua que mantenía entonces. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, aseguró en rueda de prensa que se había tratado de una «falsa alarma».