Madrid / Oviedo
Los presos de ETA ya tienen en su poder las órdenes precisas de la banda y un calendario con las fechas precisas sobre cómo y cuándo deben llevar a cabo los actos de protesta contra la política de dispersión. La primera fase, que se inicia mañana, consistirá en una avalancha de escritos en las que los terroristas deben trasladar su malestar a los directores de prisiones, el juez de vigilancia penitenciaria, la directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, o incluso el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba.
En la segunda semana los presos deberán llevar a cabo encierros en sus celdas. Durante la tercera renunciarán a comunicarse telefónicamente con el exterior. Hay dudas sobre la cuarta semana, tanto por el seguimiento que se espera como por el fondo de la protesta prevista.
Para entonces se esperan los ayunos de los presos. Se desconoce si el rechazo a comer significa recurrir a huelgas de hambre de siete días o si éstas tendrán carácter rotatorio. Otra posibilidad es que los etarras se limiten a rechazar lo que se les ofrece en el comedor y que se alimenten en sus celdas con productos procedentes del economato.
Hay un alto porcentaje de los presos etarras que no tienen entusiasmo en seguirlas, pero que no se atreven a desmarcarse para no perder algunos de los privilegios que conlleva pertenecer al colectivo de presos. En esta decisión influye la reciente expulsión de la banda de cinco de sus miembros, algunos de ellos históricos pistoleros como Valentín Lasarte, asesino del policía asturiano Enrique Nieto, y de Iñaki Rekarte, que en Nochevieja disfrutó de tres días de permiso. Los etarras jóvenes con penas más cortas por actos de «kale borroka» son los que siguen fielmente las órdenes.
Mientras, presos del sector duro amenazaron el martes pasado a los directores de las cárceles de Martutene (Guipúzcoa) y Nanclares (Álava) por haber ofrecido a dos etarras que se acojan a los beneficios del arrepentimiento.
Por último, la organizción juvenil de ETA, Segi, recurrió a la venta de sobres de azúcar, mecheros, camisetas o bonos para financiarse y ayudar de esta forma al resto de organizaciones de la izquierda aberzale.