San Sebastián / Oviedo
El obispo de San Sebastián, monseñor José Ignacio Munilla, dijo ayer que cuando se ha solicitado a la Iglesia que haga «un servicio a la sociedad» siempre ha estado «dispuesta», y aseguró que en caso de que se pidiera a la Iglesia vasca una labor de intermediación «en una situación especial» (en alusión a ETA), ésta estaría «dispuesta» a colaborar.
En una entrevista a Euskadi Irratia, Munilla indicó que la intermediación que ha realizado la Iglesia vasca en anteriores procesos de paz «quizá sea lo más visible», pero «no nos damos cuenta del servicio que la Iglesia hace a la paz a diario». «La Iglesia no se mete en esos líos si no se le pide, pero si se le pide, siempre está dispuesta», recalcó.
El prelado destacó que «hemos avanzado mucho» en Euskadi en la ayuda y el amparo a las víctimas del terrorismo durante los últimos años, ya que «hacía falta algo» en la solidaridad. Munilla añadió que se recuerda a los presos en las liturgias «en todas partes», aunque cada vez que se hace en Euskadi, «todos vamos a ver qué quiere decir políticamente esa petición».
El lendakari, Patxi López, a quien el Supremo absolvió esta semana por reunirse con la ilegalizada Batasuna durante la última tregua, declaró ayer que no cree en el diálogo con la banda y que ésta debe «desaparecer definitivamente de nuestras vidas».
El fiscal general, Cándido Conde-Pumpido, se confesó satisfecho con el archivo de la causa por las reuniones con Batasuna y aseguró que la sentencia sería idéntica si Ibarretxe continuara de lendakari. A los aberzales les dijo que sólo podrán ir a las urnas «si ETA abandona las armas o Batasuna abandona ETA». López acusó a la banda de «volver a las andadas» y de «cortar» el debate sobre el fin del terrorismo. En su opinión, lo que se necesita es que «el mundo radical rompa amarras con el terrorismo».
El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, consideró «lo más razonable» pensar que ETA estuviera creando una infraestructura en Portugal porque «cada vez les resulta más difícil en Francia», pero advirtió a la banda de que se pondrán los medios para que no lo consiga porque sería muy peligroso. El primer ministro luso, José Sócrates, expresó su voluntad de que los dos etarras detenidos sean entregados a España.