ALICANTE, MERCEDES GALLEGO
Se escuda en que está retirado cuando prefiere no pronunciarse sobre un tema, pero el lunes pasado durmió en Alicante, el martes lo hizo en Barcelona y terminó la semana en Córdoba. Demasiado trasiego para un jubilado. Pero Jordi Pujol (Barcelona, 1930) ni se ha marchado ni lo hará nunca, y menos ahora que las encuestas le son propicias al partido con el que comandó durante más de dos décadas la Generalitat catalana. Preocupado por el problema de la inmigración (que no sólo afecta a Vic, precisa) sugiere que se mire a Cataluña para poner en marcha una clara política de integración en la que esta autonomía, se vanagloria, fue pionera.
-¿Qué opina del planteamiento que lanzó el alcalde de Vic de no empadronar a los sin papeles?
-El Ayuntamiento de Vic ha sido el más ejemplar de Cataluña y quizá de España en el trato a la inmigración. Hace años fue el primero que decidió forzar el reparto de niños inmigrantes por las escuelas para evitar así la creación de barrios marginales y el propio alcalde fue casa por casa a convencer a los padres. Eso es un hecho. Como también lo es que Cataluña fue la primera autonomía que dio tarjetas sanitarias a todo el mundo, con o sin papeles. Lo ordené yo siendo presidente.
-¿Cómo explica entonces la postura de ahora?
-Vic está en una situación de gran agobio, con más de un 25% de población inmigrante, y ha interpretado que la nueva ley no permitía empadronar a las personas que no tienen visado, pero ha consultado al Gobierno, que ha dicho que hay que empadronarlos. Y es lo que hará.
-¿Qué le parece la interpretación del Gobierno?
-No voy a opinar. El Gobierno ha dicho eso, pues ya está. Pero el tema se presta a varias reflexiones: ¿por qué un municipio que ha destacado por su actitud favorable a la integración de los inmigrantes es el que ha tenido más voto antiinmigración? ¿Por qué de este tema tanta gente con alta responsabilidad política dice una cosa en público y otra en privado? En todo caso lo de Vic podría servir de aldabonazo: la inmigración es una oportunidad para los inmigrantes y para el país receptor, pero requiere una política clara de acogida y de integración.
-¿Se ha utilizado a los inmigrantes como bien de usar y tirar?
-En algunos sectores así ha sido. Había quienes pedían que vinieran muchos inmigrantes para que hubiese mano de obra más barata. Es más, en general, la política económica española ha jugado esa carta, la de usar y tirar. La forma como se hizo fue un error y tenía algo de inmoral. Y ahora nos encontramos con un problema serio, no sólo en Vic.
-Gürtel, Santa Coloma, el Liceo... ¿Tenemos un sistema político que aboca a la corrupción?
-Hemos tenido una evolución económica, sobre todo en el campo inmobiliario, que la ha facilitado. Sabíamos que el sistema económico que estábamos desarrollando no era sano. No sólo por la corrupción, sino por la eficacia económica. No era un modelo que incrementara la competitividad ni la productividad, sólo la ganancia fácil.
-Pero no se hizo nada.
-No se hizo nada porque todo el mundo se dejó arrastrar. La gente quería que se bajaran los intereses para que se dieran más hipotecas y se vendieran más pisos y pedían, como decía antes, más inmigración para que hubiera mano de obra barata. Que se tenía que haber hecho algo, pues sí. Pero no se hizo y reconozco que hubiera sido difícil porque cuando se crea una dinámica es complicado pararla. La codicia ha jugado su papel. A partir de ahí es más fácil la corrupción.
-¿Sigue creyendo en la inocencia de Prenafeta y Alavedra (ex altos cargos en gobiernos de Pujol e implicados ambos en la «operación Pretoria») después de los datos que se han ido conociendo?
-Todos debemos actuar con presunción de inocencia. Es obligado. Además, son amigos míos, tengo confianza en ellos, les tengo afecto, he trabajado con ellos, les estoy agradecido porque en la época en la que colaboraban con la Generalitat, hace mucho tiempo, eso también es verdad, fueron gente muy eficaz, muy fiel a la institución. Siguen siendo mis amigos.
-¿Prenafeta y Alavedra le han decepcionado?
-No tengo motivos. Les acusan, pero yo he visto un montón de acusaciones que han quedado en nada.
-¿Están provocando estos casos un desapego ciudadano a la política que puede ser irreversible?
-Evidentemente. Ayudan estos casos y también ciertas prácticas políticas demagógicas, de incumplimiento de compromisos, de desatención. Un espectáculo político poco edificante, una política que en los últimos tiempos se ha endurecido mucho y en la que se está más preocupado por el titular del día siguiente que por hacer llegar mensajes constructivos.
-¿Ha cambiado mucho el modo de hacer política?
-Se ha vuelto muy agresiva aunque conste que siempre lo ha sido. A veces hablamos de la Transición como si fuera un oasis de juego limpio y tampoco lo fue.
-Sin usted ni Maragall, ¿está Cataluña huérfana de líderes políticos?
-No es verdad. Lo que sucede en la política catalana, la española y la europea es que ahora se trabaja en condiciones más difíciles.