Oviedo / Madrid
El presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda, afirmó que es «leal» pero «sincero» con José Luis Rodríguez Zapatero ante la avalancha de críticas y reproches de barones y dirigentes del PSOE, que salieron en tromba a descalificar su petición de acometer una «remodelación importante del Gobierno» cuando termine la Presidencia semestral de la Unión Europea para dar paso a «Gabinete más reducido», orientado a «combatir aquello que preocupa a los ciudadanos».
Precisamente ayer se supo que la confianza en el Gobierno ha caído 19 puntos en el último año y se sitúa en el 29 por ciento, según el último Eurobarómetro, que indica que el 62 por ciento de los españoles teme que lo peor de la crisis en cuanto al paro está por llegar.
Las palabras de Barreda causaron sorpresa y malestar en Ferraz. Desde la dirección del PSOE, le respondieron que cualquier cambio en el Gobierno compete a Zapatero y le echaron en cara que no se hubiera atrevido a defender su exigencia ante en el comité federal, donde el Presidente habría podido responderle.
Varios dirigentes socialistas enmarcan la petición de reducir los ministerios en un intento de Barreda de ganar protagonismo en pleno clima preelectoral en Castilla-La Mancha, donde la popular Dolores de Cospedal está ganando mucho terreno para las autonómicas del próximo año. Para estos dirigentes, el sucesor de José Bono ha jugado a mostrar independencia respecto al Gobierno central, en un momento de gran desgaste político, como lo ha hecho con su rechazo a que el cementerio nuclear se instale en Guadalajara.
La dirección socialista se esfuerza por apagar la polémica. Algunos de sus miembros han confesado no entender la intención de Barreda y uno en concreto le acusa de haber cometido un «error» al actuar de forma «improcedente». Sin embargo, todo apunta a que el barón castellano-manchego no se ha tirado a la piscina porque sí. En el PSOE no hay unanimidad sobre si habrá cambio de Gobierno tras el semestre europeo. Para algunos, es un sentir generalizado. Para otros no es imprescindible.
La mayoría de los barones regionales del PSOE entraron en la polémica para expresar su malestar y a la vez marcar distancias con la petición de Barreda de cambiar el Gobierno y reducirlo. El presidente del partido, Manuel Chaves, dejó claro que una remodelación «es una facultad exclusiva» de Zapatero y añadió que planteamientos como el del castellano-manchego son «debates inútiles». «Hay que ser muy respetuoso con las competencias de un presidente», subrayó el catalán José Montilla, a quien no le gustaría que nadie le dijera cuándo tiene que cambiar el gobierno. En el mismo sentido se pronunciaron el andaluz José Antonio Griñán y el dirigente socialista madrileño Tomás Gómez. Ante la avalancha de críticas desde su partido, Barreda respondió: «Soy leal al Gobierno y la lealtad implica sinceridad».
El PP no ha perdido ni un minuto para entrar en el debate. Esperanza Aguirre fue más allá que nadie y se lanzó a exigir a Zapatero elecciones anticipadas ante la crítica situación económica, las encuestas adversas y la «creciente desconfianza entre los suyos». «Lo más honesto es que los españoles decidan quién quiere que maneje la nave para empezar cuanto antes la recuperación», dijo.
Esteban González Pons aseguró que Zapatero no puede hacer frente a la situación del país solo y ha llegado la hora de que llame a Rajoy y le pida ayuda. Es el momento «de hacer un conjunto de reformas y de llamar y escuchar a todo el mundo», añadió. Soraya Sáenz de Santamaría hizo hincapié en que «el problema de liderazgo de Zapatero está haciendo mella en todo el PSOE», donde a muchos se les «ha caído el discurso de su líder». Tras destacar la «valentía» de Barreda, el PP obligará el martes al PSOE a votar la reducción de cargos.