Oviedo, R. L. M.
Los constitucionalistas asturianos creen que el fallo del Tribunal Constitucional en el que se refrenda la mayor parte del Estatuto de Cataluña es, ante todo, una prueba de la necesidad de cambios en la propia Corte, que ha tardado casi cuatro años en emitir el fallo. Demasiado tiempo, según los expertos asturianos consultados ayer por LA NUEVA ESPAÑA.
Francisco Bastida, catedrático de Derecho Constitucional, explica que, «al margen del contenido, no se puede tardar cuatro años en emitir una sentencia. El proceso ha desacreditado al Tribunal Constitucional, más cuando no ha sido una sentencia novedosa. Estaba cantada», matiza el catedrático. Una crítica más profunda la realiza Ramón Punset, también catedrático de Derecho Constitucional.
«Es una sentencia interpretativa, donde se pretende esconder lo que realmente dice explicándolo de una forma cosmética. En realidad, se está haciendo un cambio del modelo constitucional, del modelo de Estado, sin cambiar la Constitución», remata Ramón Punset, que asegura que el Estatuto de Cataluña está lleno de «juegos de palabras».
Los dos expertos aseguran que aún necesitan estudiar más a fondo la sentencia, pero, en principio, tal como explica Bastida, «no es un fallo novedoso».
Por su parte, y aunque no entra a valorar a fondo el contenido de la sentencia, Paz Andrés, catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, se muestra satisfecha con el hecho de que haya sentencia.
«Ha tardado muchísimo, pero debemos estar contentos por tener una sentencia, porque hubo un tiempo en que pensamos que ni siquiera la iba a haber», explica la catedrática.
«Lo que está claro es que este fallo es el fin de una etapa del Tribunal Constitucional, que tendrá que renovarse si quiere recuperar un prestigio que ha perdido en todo este proceso», concluye Paz Andrés.
«Esto ha sido una auténtica agonía de cuatro años», apostilla, en este sentido, Ramón Punset.
«Cuando conozcamos los pormenores, habrá que hacer un análisis y una valoración más profundos del texto, porque son necesarios», remata el catedrático Ramón Punset.