Madrid / Oviedo
ETA decretó entre finales del pasado mes de marzo y principios de abril un parón técnico y estratégico con un objetivo doble: recuperarse de la multitud de detenciones sufridas y ganar tiempo para controlar de nuevo a su brazo político que se estaba desmarcando progresivamente de sus posiciones.
Sólo en enero, febrero y marzo habían caído 32 etarras en España, Francia, Portugal e Inglaterra. La operación más relevante fue la del 28 de febrero contra el hasta entonces «número uno», Ibon Gogeaskeotxea, quien fue capturado en Francia junto a otros dos terroristas.
Además la acción policial había asestado importantes golpes a la logística etarra, como la desarticulación de la base de Óbidos (Portugal) donde ETA escondía 1.500 kilos de explosivo, 300 listos para una acción inminente. Días después, la Policía Nacional desbarató sus planes de implantar una base similar en Cataluña.
Acosada policialmente, la banda buscó respiro para recomponer sus estructuras y abastecerse de nuevo. Sin embargo, el arresto el 20 de mayo del jefe militar de la banda, Mikel Karrera Sarobe, que abordaba la reorganización de los comandos para relanzar los atentados, llevó a los expertos antiterroristas a pensar que la banda mantendría, como así ha sido, el parón técnico.
En paralelo, Batasuna, alejada de cualquier centro de poder tras su ilegalización, había comenzado a volar por su cuenta, con la idea de arreglárselas para poder concurrir a las elecciones municipales de la primavera próxima.
La izquierda aberzale abrió un debate interno en el que salió adelante la postura favorable a abrir un nuevo ciclo sin violencia. El pasado 14 de noviembre, presentaron públicamente la declaración llamada de Alsasua, en esa localidad navarra. Su principal novedad es la defensa de solucionar el «conflicto» a partir de los denominados «principios Mitchell», aplicados en el proceso de paz del Ulster, que propugnan un escenario sin injerencias violentas de ningún tipo.
Tras un proceso asambleario sin precedentes en el País Vasco y Navarra, los aberzales presentaron sus conclusiones en el documento «Zutik Euskal Herria» (Euskal Herria en pie) en el que se reafirmaban en su compromiso con los «principios Mitchell», con la ambición puesta en las municipales de 2011.
Fue un desafío a la banda, al que ETA contestó con un comunicado del 17 de enero en el que tutelaba y hacía suyos los planteamientos expresados por las asambleas, aunque mantenía su apuesta por la violencia. De hecho la banda ha tratado siempre de controlar este debate en el seno de su brazo político, aunque ha fracasado en el intento.
Prueba de ello es que los últimos comunicados de ETA han sido respuesta a pasos dados por su entorno y no al revés, como había sucedido siempre. El mayor fracaso de la banda se produjo en el origen mismo del debate. ETA intentó sin éxito que la ponencia sometida a discusión fuese la llamada «Mugarri», en la que se defendía el refuerzo de los atentados para doblegar al Estado. Sin embargo, terminó por imponerse la vía posibilista que defendían, entre otros, el histórico dirigente aberzale Arnaldo Otegi desde prisión.