Madrid, Agencias
El Rey don Juan Carlos advirtió el sábado, en su tradicional alocución navideña, de que las personas con responsabilidades públicas han de tener «un comportamiento ejemplar». El Monarca consideró «natural» que la sociedad reaccione al producirse «conductas irregulares» y subrayó que cualquier actuación «censurable» deberá ser «juzgada y sancionada con arreglo a la ley». «La justicia es igual para todos», sentenció.
Estas palabras han sido entendidas como una alusión, sin cita expresa, a las circunstancias por las que atraviesa su yerno, el duque de Palma, Iñaki Urdangarín, implicado en un caso de corrupción. Las frases exactas de don Juan Carlos fueron:
«Me preocupa también enormemente la desconfianza que parece estar extendiéndose en algunos sectores de la opinión pública respecto a la credibilidad y prestigio de algunas de nuestras instituciones.
»Necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos. Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar.
»Cuando se producen conductas irregulares que no se ajustan a la legalidad o a la ética es natural que la sociedad reaccione. Afortunadamente vivimos en un Estado de derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La justicia es igual para todos.
»No debemos, sin embargo, generalizar los comportamientos individuales, so pena de cometer una gran injusticia con la inmensa mayoría de servidores públicos, y también de empresarios o trabajadores del sector privado, que desarrollan su labor de forma ejemplar y honesta.
»De lo contrario, se podría causar un grave daño a instituciones y organizaciones que son necesarias para la vertebración de nuestra sociedad».
El resto del discurso tuvo dos grandes ejes: la crisis, con mención especial para los parados, y el terrorismo, con una llamada a ETA a entregar las armas y un recuerdo especial para las víctimas.
El Rey animó a políticos, empresarios y sindicatos a pactar medidas orientadas a la creación de empleo para salir de una crisis llamada «a modificar hábitos y comportamientos económicos y sociales», ya que el camino de la recuperación, dijo, «no será corto» y «exigirá sacrificios». Don Juan Carlos recordó que, como jefe de Estado, tiene que animar a que se negocie aunando voluntades.
Todas las medidas que se adopten, dijo el Rey, «deben tener como objetivo final la recuperación del empleo», porque es «la principal palanca que puede dar a cada individuo un horizonte de dignidad y estabilidad y al conjunto de la sociedad una expectativa de prosperidad». El Monarca también destacó la importancia del Estado de bienestar, «necesario para mantener la indispensable cohesión social que la justicia distributiva reclama».
Tras recalcar que la «elevada tasa de desempleo» actual es «moralmente inasumible para un país vertebrado, moderno y solidario», emplazó a ciudadanos, instituciones y administraciones para que vuelquen sus mejores esfuerzos en apoyo de los desempleados y sus familias.
En cuanto al terrorismo, el Rey destacó que la unidad y firmeza de los españoles «han demostrado que los proyectos totalitarios no tienen cabida en la España democrática», y advirtió: «Es ya tiempo de que los terroristas entreguen sus armas asesinas y desaparezcan para siempre de nuestras vidas». Además, ofreció a las víctimas «apoyo, solidaridad y afecto», antes de recalcar: «Este es nuestro firme compromiso, para recordar que su sacrificio no ha sido en vano»; el compromiso «de una sociedad libre que no se deja amedrentar, que exige justicia y reparación para quienes fueron víctimas de la violencia por no querer someterse a la dictadura del terror».