El secretario general del PSOE saliente, José Luis Rodríguez Zapatero, emplazó ayer a los socialistas a cerrar filas con la persona que mañana le sustituya en el cargo para que haya un liderazgo claro y un partido fuerte y unido, y reclamó que, pase lo que pase, no se pierdan los afectos y las lealtades. El ex presidente justificó que su política de recortes fue consecuencia de factores externos y que «mi objetivo era evitar la intervención de España».
Un emocionado Zapatero, que recibió una larga y calurosa ovación, se despidió así de sus responsabilidades al frente del PSOE después de once años y medio. El 90,8 por ciento de los delegados que participaron en la votación aprobó la gestión de su ejecutiva. En concreto 734, frente a 21 (2,6%) que lo hicieron en contra, mientras 53 se abstuvieron (el 6,5%).
Zapatero pidió a los socialistas que «todos, democráticamente, estén detrás de quien tenga el liderazgo», porque un partido con 130 años lo merece y España «necesita» un PSOE «unido y fuerte, que sea alternativa cuanto antes al proyecto del PP». «Que a quien salga elegido secretario general le den al menos el mismo apoyo que a mí me han dado. Yo lo tuve muy amplio y generoso y eso fue decisivo para las victorias de 2004 y 2008».
En su intervención tuvo un recuerdo especial para Bono, a quien en el año 2000 ganó por nueve votos y con quien, a raíz de esa contienda, fraguó «una lealtad, un afecto y una amistad» que perdura. Además de pedir unidad, Zapatero apeló al sentido de Estado con el Gobierno, porque el objetivo del PSOE no es derrotar al PP, sino a la crisis.
Zapatero justificó todas las medidas tomadas por su Gobierno, aunque le dieran «hasta en la ceja», porque sirvieron para evitar que España tuviera que ser rescatada y, al mismo tiempo, se mantuvo la cohesión social. Dijo que trabajó para superar la crisis en un escenario muy complicado, con una oposición «sin concesiones» y una Europa «lenta» que no fue capaz de resolver la crisis griega. Su diagnóstico es que las medidas de ajuste que se tomaron en mayo de 2010 eran necesarias, porque de no haber actuado así «muy probablemente» se hubiera producido una situación de colapso económico y financiero. Confesó que consciente de que aquellas medidas tendrían un «intenso impacto ciudadano, social y, a la postre, electoral».
El líder saliente del PSOE lamentó que se suprima la Educación para la Ciudadanía y añadió que «es muy probable que nunca más haya una muerte a manos de ETA.