«El yerno deshonesto pone en apuros al Rey de España»

Los medios de todo el mundo dan cuenta del ascenso y caída de Urdangarín, el «hijo político perfecto» ahora azote de la Monarquía

 03:30  
Iñaki Urdangarín.
Iñaki Urdangarín. 

«Era el yerno que todo suegro sueña, incluso el Rey de España. La noticia (de su imputación), sin precedentes en la Monaquía española, se ha colado como una mancha». Así informaba la BBC del «caso Urdangarín». El duque de Palma ha sido noticia en el mundo entero, que asiste estupefacto a su caída.

La pasada semana Urdangarín era el personaje del Magazine de «Le Monde», que mostraba, tras el rostro del ex campeón de balonmano y yerno del Rey de España, a un presunto malversador capaz de «embarrar» la Monarquía. No hay país que no haya seguido, entre la estupefacción y la indignación, su imputación, su alejamiento de la Casa del Rey y su declaración ante el juez.

Con proyección externa debido a su pasado de deportista internacional y su residencia en Washington, el duque ha pasado de ser el «yerno perfecto» -guapo, alto, educado, buen padre de familia...- a estar imputado. De ahí la pregunta, ¿quién es Urdangarín? Una «oveja negra» como dice «Il Fatto Quotidiano», un «yerno deshonesto» como dice «Le Monde», «enfangado» según «Les Echos» o el «paria» de la familia real como lo tacha «Le Figaro».

Los periodistas extranjeros coinciden en el daño irreparable que los negocios del marido de la Infanta Cristina van a causar en la Corona, llevando la primera gran mancha a un expediente que hasta el momento permanecía inmaculado entre las realezas europeas. En Holanda, lo comparan con el caso en el que se vio implicado el príncipe Bernard, padre de la reina Beatriz. Y casi todos coinciden en relacionar el proceso con la crisis que vive España.

«The Washington Post» aseveraba: «Los miembros de la Familia Real han evitado habitualmente el escrutinio de los medios que han tenido que soportar sus homólogos reales británicos, pero la investigación sobre el Instituto Nóos ha llegado a las portadas justo cuando las encuestas mostraban un descenso de la popularidad de la Monarquía». Estas encuestas -se refieren a los sondeos de Metroscopia: en noviembre de 2010, antes de que estallara el caso, la proporción de españoles favorables a la Monarquía se redujo en 12 puntos, y en diciembre había caído otros ocho y del CIS: en octubre, por primera vez, la nota de la realeza descendió por debajo de la media- son citadas de forma reiterada en los diarios de medio mundo, porcentajes a los que suman los de la tasa de desempleo del país.

«La Stampa» acuñó el término «tormenta perfecta» para referirse a una España azotada por la conjunción de todos esos ingredientes. En un artículo Luigi La Spina decía que entre la prima de riesgo, el paro, un Gobierno nuevo y las protestas de los indignados, el país que tenía la Monarquía «como un símbolo de la unidad y la esperanza» sufre ahora una historia «banal y triste».

Los cortafuegos que aplicó la Casa del Rey parecen haber sido más efectivos de Pirineos hacia abajo que hacia arriba. Los diarios extranjeros mantienen que la imagen de la Corona ya ha quedado «tocada» y puede ir a peor. Las decisiones de separar al «yernísimo» de la agenda oficial de actos y hacer públicas, por primera vez, las cuentas de la Zarzuela se han valorado fuera de nuestras fronteras, pero también han sido vistas como signos inequívocos de que la Corona pasa por sus horas más bajas. «The Guardian» (Reino Unido) habla de una operación para «limpiar su cada vez más tocada imagen». El francés «Libération» le echaba un capote al Monarca al afirmar que el escándalo «avergüenza» a la Zarzuela y «amenaza con salpicar al Rey, que nunca se había visto implicado» en algo así.

El «Clarín» (Argentina) cree que se trata del «peor escándalo» de la historia de la Monarquía. En «Der Tagesspiegel» se podía leer «es un mal año para Juan Carlos I. No goza del mejor estado de salud, hay desavenencias en la Familia Real y el prestigio de la Monarquía desciende. Para colmo de males, ahora un grave caso de corrupción».

El belga «De Standaard» apunta que «La Casa Real teme que la población aproveche este caso para exigir el final de la Monarquía. El Rey que empieza a tener achaques de salud, tendrá que pasar el testigo en un plazo no demasiado largo a su hijo Felipe. El heredero no disfruta del mismo crédito entre los ciudadanos». «Il Fatto Quotidiano» añade que es el príncipe heredero el más perjudicado por su cuñado: «podría no ver realizarse su sueño de acceder al trono».

«Point de Vue», cabecera de las monarquías, presenta a Letizia «al rescate» de la Corona. Pero el caso Urdangarín da munición a la prensa sensacionalista y a las revistas rosas que estaban cargando contra la imagen del Rey, al hilo del libro de Pilar Eyre «La soledad de la Reina».

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