Marco Tejeiro dejó bien claro, tras pasar tres días declarando, que aunque figurara como contable en el instituto Nóos, y en ocasiones hasta como gerente, su papel en la empresa no era más que el de un auxiliar administrativo, aunque con un sueldo anual de 30.000 mil euros. Tejeiro, de formación farmacéutico, confesó carecer de conocimiento de contabilidad. Aún así, llevaba la gestión económica del instituto Nóos.

En la última fase del interrogatorio del fiscal Pedro Horrach, el excontable dejó muy claro que la Infanta Cristina, a pesar de su condición de vocal del consejo de Nóos, jamás participó en ninguna decisión ejecutiva de la empresa. Como tampoco se encargó de la administración de Aizoon, la empresa familiar que comparte con su marido. Esta afirmación coincide con la tesis de la fiscalía que mantiene que el papel de Cristina de Borbón en todo este entramado era únicamente figurativo, puesto que no se implicó en los negocios que encabezó su marido, junto a su entonces socio Diego Torres.

Aunque teóricamente tampoco administraba Aizoon, sí participaba en los gastos que se realizaban en las cuentas de esta empresa, que después se declaraban como gastos de la sociedad. La Infanta disponía de una tarjeta Visa, al igual que su marido. La hermana del Rey realizó hasta nueve cargos personales que no tenían ninguna relación directa con la actividad de la empresa y, por tanto, no podían ser objeto de deducción fiscal. El exduque de Palma continuó contando con la colaboración de Marco Tejeiro después de dejar Nóos y le encargó la contabilidad de su empresa. El contable recibía, de manos de la secretaria de Urdangarin o de los escoltas de la pareja, "un sobre donde aparecían los gastos que se debían deducir, así como las compras cargadas con las tarjetas". También se deducían los gastos de los policías que protegían al matrimonio, que ellos adelantaban. A preguntas de la abogada Virginia López Negrete, el acusado confesó en alguna ocasión "devolvió tiques" que se pretendían pasar como gastos, como por ejemplo compra de ropa o servicio de peluquería. Pero otras veces se "intentaron colar" otros gastos muy dudosos, como por ejemplo el alquiler de un coche en Suiza, la compra de un centro de flores, un viaje de Urdangarin con toda su familia a Brasil, otro a un safari, un cursillo personal de la Infanta o la compra de 2.000 euros en botellas de vino. "Me decían que los metiera como gasto y yo lo hacía", insistió el acusado.

La conexión entre el contable y la empresa Aizoon no fue nunca la Infanta Cristina. "Ella no me dio nunca ninguna indicación directa", detalló el acusado, que confirmó que la empresa familiar contrató a varios trabajadores ficticios, que no cobraban pero estaban dados de alta en la Seguridad Social, para conseguir beneficios fiscales.

A preguntas del abogado de la Infanta, Tejeiro negó que la trama Nóos hubiera intentado utilizarla como escudo fiscal.

El abogado de Diego Torres, Manuel González Peeters, intentó desacreditar al excontable, cuñado de su cliente, sobre todo por su condición de arrepentido y colaborador de la fiscalía. Trató de demostrar que su papel en el entramado Nóos no era como simple contable a las órdenes de sus jefes, sino que tenía un papel más bien de gerente. El acusado, que salió bastante airoso del enfrentamiento con el abogado, insistió en la última fase de su declaración que nunca estuvo en contacto con las administraciones, no se encargó de gestionar los acuerdos de colaboración y se limitaba a plasmar en las facturas los conceptos que le indicaban.