18 de agosto de 2017
18.08.2017

"Los heridos no se podían levantar y había mucha gente ensangrentada"

"Se oyó un ruido muy fuerte y salté detrás de una silla: una - gran furgoneta blanca me pasó por delante a toda velocidad"

18.08.2017 | 03:34

Ferrán Rodríguez, camarero de una cafetería de La Rambla, estaba trabajando en su local cuando, de repente, vio como una furgoneta de notables dimensiones se subía al paseo central de la vía y, rugiendo, aceleraba al máximo: "Se llevó por delante todo lo que pudo, hasta los kioskos", declaró Rodríguez, todavía conmocionado por la impresión. "La mayoría de los heridos no se podía levantar y había mucha gente ensangrentada tirada en el suelo, mientras otros cientos corrían en estampida", relató.

La historia de Ferrán Rodríguez se multiplicó ayer hasta el infinito en el centro de Barcelona. Sorpresa, desolación y duelo para una ciudad golpeada por el yihadismo pese a todos los intentos policiales por desarticular posibles células.

El camarero Rodríguez se quedó cuatro horas encerrado en el local. Allí se refugiaron numerosos transeúntes, con la sensación de estar protegidos sus persianas, bajadas por orden policial. "He visto mucha gente herida y muerta", se lamentaba. Rodríguez explicó por teléfono a Efe que a las ocho y media de la tarde, tres horas después del atentado, aún permanecían encerrados esperando que la Policía les indicara que ya podían salir. Durante todo ese tiempo ofreció bebida y comida gratis a los transeúntes despavoridos refugiados en el local.

Poco después de esa hora, la Policía empezó a permitir que, poco a poco, los residentes en las zonas próximas al atentado regresasen a sus casas y hoteles. Previamente, los agentes habían registrado bolsos y mochilas.

Uno de los "liberados" fue Joan Pere Margalef, de Flix, que logró esquivar la furgoneta de los asesinos a la altura de la fuente de Canaletas, donde el Barça celebra sus victorias. Había acudido a Barcelona en compañía de unos amigos llegados de Sevilla y, mientras ellos visitaban el Palau Güell, él se dirigió a la zona de la fuente para esperarlos en un banco. "De pronto se oyó un ruido muy fuerte, me levanté de un brinco y me coloqué detrás de una silla. Justo entonces, una gran furgoneta blanca me pasó por delante a toda velocidad".

"Todo el mundo gritaba, pero en este tramo inicial no llegó a atropellar a nadie, fue más adelante", indicó. El tramo al que se refería Margalef es uno de los más anchos de la Rambla, y con menos obstáculos, mientras que el Pla de la Boquería y el Liceu -donde quedó finalmente varada la furgoneta- es el más angosto y masificado. Margalef oyó cómo la furgoneta chocaba contra el segundo quiosco de la avenida y seguía su carrera asesina.

El desconcierto causado por el ataque dejó a numerosas personas incomunicadas. De repente, quienes un momento antes les acompañaban ya no estaba con ellos. Fue el caso de José Luis, que dejó a su esposa, María José, en la esquina de la Vía Layetana con la calle Sant Pere para ir a aparcar, mientras ella se dirigía a un centro comercial de la plaza de Cataluña. Mientras la mujer estaba en los grandes almacenes se decidió la evacuación del comercio y "una estampida humana se la llevó por delante", relató José Luis. Ella se quedó dentro del perímetro acordonado por la policía y él fuera. "Por teléfono me contó que alguien la recogió y la llevó a un bar, donde se refugió", explicó.

Otro caso de aislamiento fue el de una anciana de 90 años, residente junto a la Rambla, que había salido de su domicilio y que se había dejado su móvil en casa. La mujer no logró contactar con su familia hasta cuatro horas después para informales de que estaba sana y salva.

Según explicó su sobrino, su desconcierto fue grande al comprobar que la nonagenaria no contestaba a sus llamadas al móvil. Además, no podía acercarse a su domicilio por estar toda la zona cortada. Casi cuatro horas después, los Mossos d'Esquadra se pusieron en contacto con la familia para informarles de que la anciana se encontraba sana y salva.

Según la versión de la anciana, ella se hallaba en la céntrica calle de Portaferrissa, junto a la Rambla, cuando se vio envuelta en la marea humana desencadenada por el atentado, por lo que decidió que lo mejor era ha guarecerse en un comercio, desde donde, gracias a recordar de memoria el número de su hermana pudo informar de que no le había ocurrido nada.

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