06 de mayo de 2018
06.05.2018
El adiós del mayor grupo terrorista

El verano de las bombas de ETA en Asturias

La explosiones en Ribadesella y Gijón, en la campaña con la que la banda pretendía forzar al Gobierno a negociar, delataron la existencia de un grupo de apoyo en la región

06.05.2018 | 08:40
Zona de la playa de Ribadesella en la que estalló el artefacto de ETA en el verano de 2004.

ETA acaba de escenificar el final de su actividad terrorista después de seis décadas, un largo camino que pasa por Asturias, con la llamada campaña de "baja intensidad" que la organización desarrolló en agosto de 2004 en la cornisa cantábrica y Galicia. Fueron nueve atentados, con los que la banda pretendía emplazar al Gobierno a una negociación, que pese a tratarse de artefactos de escasa potencia pudieron causar víctimas. De hecho, en Galicia hubo cinco heridos leves y uno en Gijón.

Aquella campaña, con tres atentados en Gijón, Ribadesella y Llanes, de los que la banda avisó con llamadas a LA NUEVA ESPAÑA, requería algún tipo de colaboración desde Asturias. La Policía tiene información de que ETA adiestró a un grupo de entre cuatro y seis asturianos, a los que enseñó el manejo de armas y explosivos. Las sospechas apuntan a individuos en la órbita nacionalista asturiana y al sindicalismo más radical, el mismo ambiente en el que se movía Fernando González Rodríguez, "Fer", condenado en 2009 a diez meses de cárcel por intentar poner una bomba casera en la sede del PSOE de Infiesto, en la madrugada del 13 de septiembre de 2005. A González Rodríguez, relacionado durante su estancia en prisión con los presos etarras, no se le pudieron imputar otros 18 atentados a sedes de partidos registrados en los dos años anteriores. La coincidencia temporal de estos ataques con la campaña de "baja intensidad" de ETA es más que sospechosa.

Aquella racha de agosto de 2004 pretendía enviar un mensaje claro al gobierno: hay que negociar o volveremos a matar. Desde mayo de 2003, ETA no había cometido ningún atentado mortal. El panorama político había cambiado mucho en esos catorce meses. El entonces líder de ERC, Carod Rovira, se reunió con la cúpula etarra en Perpiñán, de la que salió el anuncio por parte de los terroristas de que no atentarían en Cataluña. Aquello marcó la campaña de las elecciones generales del 14 de marzo, con el colofón sangriento de los atentado yihadista contra los trenes de Madrid, el 11-M. Una semana después de las elecciones, el 21 de marzo, ETA emplazó al nuevo presidente, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, a una negociación, aunque sin renunciar a la lucha armada.

El 7 de agosto de 2004, el día de las piraguas del Sella, estalla, poco antes de la una de la tarde, un artefacto en una casa abandonada de la calle Ricardo Canga, junto al paseo de Ribadesella, que afecta a uno de los muros del hotel "La Playa". Previamente, los terroristas avisaron de la colocación de la carga, 300 gramos de Titadine, más un petardo explosivo que una bomba, según el entonces Delegado del Gobierno, Antonio Trevín. Una llamada a LA NUEVA ESPAÑA alerta del atentado y también de otra bomba colocada en la avenida Miramar de San Vicente de la Barquera, en Cantabria, que también estalla. Trevín asegura que aquella bomba pudo causar una desgracia, con Ribadesella atestada de turistas. "En ese momento llegada el tren de las piraguas y pudo producirse una avalancha mortal", cree aún hoy.

Cinco días después, el 12 de agosto, otras llamadas, aunque muy confusas, avisan de sendos artefactos colocados en Gijón y Santander. El de la capital cántabra estalla en un parterre del paseo de Pereda. El de Gijón explosiona al lado de la playa de San Lorenzo, junto al restaurante Bellavista, a las seis y veinte, causando heridas leves a un hombre de 78 años que estaba miccionando cerca de la bomba. La zona estaba atestada de personas, que desbordaban un Gijón en fiestas.

Tres días después, el quinto bombazo, esta vez en Asturias. Otra llamada a LA NUEVA ESPAÑA. "Escuche atentamente: hablo en nombre de ETA. El día 15 a las 13,30 estallará un artefacto en la zona de 'Los Cubos' del puerto de Llanes", dice el comunicante. Finalmente, el artefacto no explosiona en "Los Cubos", sino a 300 metros, en la bocana del puerto, a unos 25 metros de donde se encontraba en ese momento el Delegado del Gobierno, que estaba supervisando el desalojo de la zona junto al jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Gijón y el jefe del puerto de Llanes. El mecanismo de ignición es de carácter artesanal y muy similar a los empleados en los artefactos colocados en días pasados. Ello lleva a sospechar que se trata de los mismos terroristas, quizá un grupo asentado en el País Vasco que se desplaza por la autovía del Cantábrico hasta Asturias. "Llanes estaba en plenas fiestas de San Roque y de nuevo pudo haber una desgracia. Además, estalló a la altura de donde estábamos nosotros. Si no llega a ser por un muro de tres metros, no sé qué hubiese ocurrido", rememora Trevín.

El 21 de agosto, ETA atentaba en el Club Náutico de Sanxenxo y el nuevo puerto deportivo de Baiona, ambos en Pontevedra, causando cinco heridos de carácter leve. Los terroristas cambiaban de escenario, y posiblemente de comando, y atentaban en Galicia, lanzando otro mensaje a un concreto alto cargo del PSOE. Finalmente, el 28 de agosto de 2004, otra bomba casera estallaba en la Alameda de Santiago de Compostela, y los terroristas intentaban hacer estallar otra en La Coruña, sin éxito.

La banda terrorista, comandada entonces por Mikel Albisu, conocido como "Mikel Antza", se sentía ya derrotada por las fuerzas de seguridad. Su propio jefe caería junto a otras 20 personas en una operación desarrollada en octubre de ese mismo año. Aquellos atentados sin víctimas mortales buscaban preparar el camino de la negociación que Zapatero inició formalmente desde el Congreso de los Diputados en mayo de 2005, y que llevó al alto el fuego permanente de la banda justo un año después, en mayo de 2006.

La gran incógnita es saber quién facilitó a los etarras una información tan precisa del lugar en que debían llevarse a cabo los atentados en Asturias.

¿Tuvo la banda terrorista informadores en la región? Todo indica que sí.

La Policía detectó la existencia de un grupo de asturianos, entre cuatro y seis, entrenados por ETA. Pertenecían al mundo del radicalismo de izquierda, con contactos con partidos como Andecha Astur o la Corriente Sindical de Izquierdas (CSI). Y después está Fernando González Rodríguez, "Fer", excandidato de Andecha Astur al Ayuntamiento de Gijón, relacionado con CSI, miembro del Fondu Unitariu de Solidaridá Obrera d´Asturies, militante de extrema izquierda al que se atribuyeron hasta 18 ataques, casi siempre coincidiendo con el Primero de Mayo y el 8 de septiembre, Día de Asturias. Sólo se le pudo demostrar el intento de atentado de Infiesto. En la madrugada del 13 de septiembre de 2005, dos agentes de la Comisaría de Gijón le detuvieron ante la sede del PSOE de la capital piloñesa. Ya había encendido la bomba casera que iba a colocar junto al edificio. "Hay un bichu prendíu en el coche y va a explotar", advirtió. Un agente logró apagar con las manos la mecha, sufriendo heridas de carácter leve. En el vehículo se encontraron panfletos con el lema "Puxa Asturies Llibre y Socialista", un claro remedo del "Gora Euskadi Askatuta eta Sozialista" de los etarras. Un comunicado de la Delegación del Gobierno atribuía a "Fer" el papel de "principal organizador de movilizaciones y actos de apoyo al entramado del Movimiento de Liberación Nacional Vasco y de ETA, siendo, además, el principal aglutinante de todos los grupos radicales asturianos afines a la citada organización terrorista". Había indicios, según el comunicado, de que Fernando González "asistió a reuniones y movilizaciones convocadas por grupos afines a ETA en el País Vasco, sospechando que le han podido instruir en la elaboración artesanal de artefactos explosivo-incendiarios". Esta relación no se pudo demostrar. La Audiencia Nacional le condenó a diez meses de cárcel por la bomba de Infiesto, aunque sin atribuirle fines terroristas, sino como reacción a los incidentes en una manifestación de la ultraderecha en Cangas de Onís dos días antes.

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