El niño que emocionó en 'Billy Elliot' se embarca en la nueva aventura que dirige Spielberg
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Jamie Bell es todavía recordado como el niño de Billy Elliot, aunque ahora se ha metido en la piel del astuto reportero. Junto a él, quien encarna al capitán Haddock ¿o es al revés?, Andy Serkis.
Bell, el niño Bell ya no es tan niño ni quiere ser toda su vida Billy Elliot, pero como Tintín, aunque sea como un dibujo animado, se arriesga a ser toda su vida Tintín y convertirse en eso tan esclavo que se llama una franquicia. Los directores, al menos, se confiesan dispuestos a llevar todos los libros de Hergé al cine, alternándose en las labores de dirección y producción. La próxima entrega, si este Tintín tiene éxito, que lo tendrá, la dirigirá Peter Jackson, y Spielberg entonces se encargará de la producción.
El objetivo: todos los libros, hasta agotarlos. Todos, menos los dos primeros: Tintín en el país de los Soviets, porque ya no hay soviets, ni revolución ni Unión Soviética. Ni Tintín en el Congo, en los tribunales de la justicia belga por racismo. Pero sí todos los demás. Un paseo por el mundo de la aventura. No hay que olvidar que Tintín llegó a la Luna antes, mucho antes, que los norteamericanos, con lo que el paseo llegará hasta el satélite blanco.
Serkis es, probablemente, el actor con menos ego del mundo. Nunca aparece mostrando su rostro. Siempre es un dibujo. Y es famosísimo. De hecho, todo el mundo conoce sus personajes, Golum, en El señor de los anillos; King Kong, en el remake que hizo Peter Jackson, o el mono sabio Cesar, en el reciente regreso al origen de El planeta de los simios. Todos esos personajes son Serkis. Pero su cara no le suena a nadie, aunque sus ojos se han clavado un montón de veces en el alma del público. Nadie lo conoce, y él está muy contento. No le importa, explica, mientras busca su Milú por la playa. No, no le importa porque ser actor, afirma, es querer ser otro, fundirse en el personaje y desaparecer. Y ¿quién se ha fundido con el personaje más y mejor que él mismo, que casi ni existe? Él, el gran Serkis, el actor invisible.
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