El presidente francés, Nicolas Sarkozy, exige a su lado gente que esté a su altura. Y no precisamente intelectual. Que se lo digan si no a los trabajadores de la planta tecnológica de automóviles Fuorecia, situada en Caligny, al sur de Caen. Durante una intervención televisada del mandatario galo, se rodeó de un público que no podía superar sus 1,68 centímetros de altura.
El equipo presidencial escogió a 20 trabajadores para ser llevados en autobús y sustituir a los trabajadores habituales de la unidad donde se realizaría la intervención, y situarles justo detrás del líder francés. Los elegidos eran los más bajos. A pesar de las alzas que le permiten «escalar» siete centímetros, a Sarkozy le sigue amargando no tener la estatura que considera digna de él.