Desde hace tiempo circula la creencia de que ningún miembro de la casa Grimaldi podrá llegar a triunfar en el amor. El matrimonio de la princesa Carolina de Mónaco con Ernesto de Hannover parecía romper la infeliz tradición; sin embargo, todo apunta a que la pareja se encuentra al borde del divorcio.
Carolina ha desatado los rumores de su inminente separación después de haber sido vista a las puertas de los juzgados, según la revista francesa «Point de Vue», especializada en familias reales europeas.
La princesa, al parecer, ha abandonado la casa familiar situada en Fontainebleu, al sur de París, y se ha trasladado al Principado. Además, ha cambiado de colegio a la pequeña Alexandra de Hannover, la hija de 10 años del matrimonio. La pareja lleva casada desde el año 1999 y, junto con Alexandra, tiene cinco hijos de matrimonios anteriores.
Los rumores de posible crisis matrimonial se han avivado este verano, ya que la pareja no ha sido vista junta desde que acudiesen a una competición deportiva, a principios del pasado junio.
De hecho, no acudieron al Baile de la Cruz Roja, cita habitual de la familia monegasca, y cada uno ha veraneado en sitios diferentes. Mientras Carolina se dejaba ver con su yate en Provenza, Ernesto se encontraba en la otra punta del país galo.
«Parece el final», ha dicho una fuente a la publicación francesa. «Tanto Carolina como Ernesto han sido el centro de atención por varios escándalos en el pasado, por lo que están acostumbrados a la polémica, pero esto realmente ha roto sus corazones», ha añadido.
Aunque no sabemos si han sido las polémicas protagonizadas por Ernesto lo que ha agotado la paciencia de la princesa, seguro que éstas no han ayudado demasiado. Y es que Ernesto de Hannover ha acabado por ganarse a pulso la fama de «oveja negra» de la monarquía europea.