Madeleine Albright, la primera secretaria de Estado que tuvo EE UU, ideó un audaz lenguaje diplomático con sus broches, como desvela ahora en el libro «Lee mis insignias». La colección, de más de 200 insignias, que se pueden ver en el Museo de Arte y Diseño de Nueva York, contenía mensajes diplomáticos a sus interlocutores.
El «plan» secreto de comunicación tuvo su origen nada menos que en el cubil de Saddam Hussein. Siendo Albright embajadora en Naciones Unidas con Bill Clinton, en la Casa Blanca, las sanguinarias autoridades de Irak la definieron como una «serpiente sin par» por su inflexible posición en las inspecciones del arsenal de armas de destrucción masiva. La ex secretaria de Estado pensó que sería divertido llevar una insignia que representara a una serpiente enrollada en un ramo cuando se viera cara a cara con un emisario iraquí.
«Utilizados en su debido momento como símbolo, los broches pueden añadir calidez o presión en una relación», concluye Albright. Su idea, en todo caso, fue todo un éxito. Vladimir Putin confesó a Clinton que siempre que veía a la secretaria de Estado intentaba averiguar el significado del broche y a quién se dirigía. «Un dignatario extranjero, durante una rueda de prensa a mi lado, estaba más feliz de ver un brillante sol enganchado en mi chaqueta que una avispa amenazadora», explica Albright. Arañas, avispas y otros objetos poco amistosos se mezclaban con otros más «cariñosos» como soles o mariposas. En Sudáfrica llevó para ver a Nelson Mandela una cebra, el hermoso símbolo de África.