El ejemplo tonificante de Nicolas Sarkozy se extiende por su equipo de gobierno. Deporte y dieta es la doble D que impera en el palacio del Elíseo. El ministro del Interior, Brice Hortefeux se alimenta de sopas y verdura. El jefe del Gobierno, François Fillon, hace footing matinal rodeado de guardaespaldas y controlado por una ambulancia, no le vaya a pasar lo que a su «jefe», a quien le dio un vahído en julio. El presidente francés sigue corriendo como si le persiguiera Silvio Berlusconi y los suyos van detrás. Los ministros de Comercio, Henri Novelli, Inmigración, Eric Besson, e Industria, Christian Estrosi, también le dedican tiempo al ejercicio y apuestan por la frugalidad.
Unos a dieta, otros en la picota. El ministro de Cultura Frédéric Mitterrand, admitió haber pagado por relaciones sexuales en Tailandia, como recoge un polémico libro suyo, pero negó «absolutamente» haber mantenido relaciones sexuales con menores. «Condeno absolutamente el turismo sexual, que es una vergüenza» y «la pedofilia, que nunca he practicado», declaró el sobrino del que fuera jefe del Estado francés, el difunto François Mitterrand.
Mitterrand ha protagonizado un escándalo en los últimos días, después de que desde el partido ultraderechista Frente Nacional se le acusara de haber pagado por servicios sexuales de «chicos jóvenes» en Tailandia, como recogía en un libro titulado «La mala vida», que publicó en 2005 y que también ha suscitado críticas en la izquierda.
A la controversia por el libro se había sumado la encarnizada defensa que Mitterrand había hecho de Roman Polanski. Polanski es «un artista de reputación internacional que no será abandonado por su ministro de Cultura», sentenció Miterrand.