M. J. IGLESIAS
Si el martes hubo un modisto feliz en España ése fue Lorenzo Caprile. Al madrileño no le gusta hacer declaraciones públicas sobre los trajes que le hace a la Princesa, pero obviamente le encanta que doña Letizia se ponga sus cosas.
Es el «orgullo» oculto del «padre» de algunos de los momentos estéticos más gloriosos de la Princesa de Asturias. Del taller de Claudio Coello han salido, entre otros, el vestido de noche rojo que llevó a la boda de los príncipes de Dinamarca y el traje de fiesta gris perla de la fiesta previa a su propio enlace, en el palacio de El Pardo. El dos piezas, bordado en las mangas y en la parte frontal con cristal y pailletes, con falda y polisón con cola -en este caso, largo, tapando los pies, como marca el protocolo para los vestidos de gala- sigue las pautas clásicas de los corpiños, transformado en chaqueta entallada con cuello a la caja. Un look regio, impactante, de líneas rectas y costuras perfectas. Un guante de terciopelo en el cuerpo de la Princesa.