Más de cien personas se manifestaron ayer a las puertas de la iglesia parroquial de Rabanal del Camino, en León, para pedir que se vayan los dos monjes benedictinos del monasterio de San Salvador del Monte Irago, a los que acusan de «romper la tradición del pueblo».
El presidente de la junta vecinal de esta localidad leonesa, Juan José Prieto, explicó que a la protesta acudieron vecinos y «allegados con intereses en el pueblo», a la vez que aclaró que su protesta no va «en contra de la Iglesia».
La concentración «pacífica» tuvo lugar mientras en el interior de la iglesia de la Asunción se celebraba la misa, que los monjes programaron a las doce del mediodía para hacerla coincidir con la protesta, media hora antes de lo que es habitual, según comentó Prieto.
En la iglesia, según el presidente de la junta vecinal, apenas una docena de personas «afines y llegadas de fuera del pueblo» atendían a la homilía. La polémica surgió el pasado verano, cuando los monjes encargaron un proyecto para arreglar la iglesia, que incluía «quitar el reloj», que «es del pueblo», eliminar el campanario y llevar a cabo una remodelación de la plaza.
El descontento de la gente se fue generalizando y agravando después de que el 15 de agosto, festividad de la Asunción, patrona del pueblo, los monjes decidieran no celebrar la tradicional procesión de la Virgen por la confrontación de los vecinos. El 15 de septiembre, cuando los vecinos de este pueblo pidieron «explicaciones», la presión vecinal y los altercados llevaron a los monjes a abandonar el pueblo y fueron llamados a capítulo por la orden benedictina. Prieto aseguró que el Obispado de Astorga, al que pertenece esta parroquia, «sabe todo lo que hay», pero no atiende las peticiones del pueblo de trasladar hasta allí a «un cura de toda la vida». Por su parte, el párroco, Juan Antonio Torres, declaró ante los medios de comunicación que muchos de los manifestantes no residen en el pueblo y aseguró que muchos de los vecinos de la localidad asistieron a la misa, celebrada al mismo tiempo que la manifestación. Torres aseguró que no se va a «excomulgar» a nadie y aseguró que los religiosos no han «llamando herejes» a quienes no acuden a misa. «La Iglesia es libre de decidir las horas de sus liturgias» y «dentro de la Iglesia hay muchas líneas», por lo que cada creyente elige «libremente» la que «le gusta», remató el párroco Antonio Torres.