Desastre en China 

Continúa el goteo de cadáveres

14.05.2008 | 20:25
Familiares lloran la muerte de un estudiante en Dujiangyan.
Familiares lloran la muerte de un estudiante en Dujiangyan.

Unos petardos explotan junto a un instituto reducido a escombros en el pueblo de Juyuan, de la provincia suroccidental china de Sichuan: es una muestra de dolor y luto de unos padres por su hijo Li Di, cuyo cadáver, en camilla, acaba de ser sacado por los soldados de las ruinas.
Su madre y su padre, que han pasado tres días en el patio del recreo -ahora cubierto de barro, botellas de plástico vacías, tiendas de emergencia y curiosos-, lloran desgarradamente, golpeándose el pecho: "¿Por qué, por qué nos ha pasado esto?".
Es una de las miles de escenas dramáticas que deja el terremoto de Sichuan, el peor que sufre China en 30 años, y que ha roto miles de familias en localidades como Juyuan, donde prácticamente toda la ciudad duerme en tiendas de campaña improvisadas con plásticos.
Padres del instituto de secundaria derrumbado, que era considerado "el mejor de la localidad" y en el que hay sepultados todavía un centenar o dos de estudiantes, esperan con ansiedad la llegada de camillas con víctimas, aun sabiendo que muchas de ellas no han sobrevivido a la tragedia.
"Ayer sacaron decenas de cadáveres, y sólo dos o tres estudiantes con vida", cuentan los padres de Yang Xi, una niña de 15 años que está todavía bajo los escombros.
La madre no es capaz de hablar, rota por el dolor, mientras que el padre reconoce que apenas tienen esperanzas de ver a su hija con vida, "aunque tampoco hay que perderlas".
En la vecina ciudad de Dujiangyan, tomada por los soldados y los equipos de rescate, se alternan casas que resistieron el fuerte seísmo con otras que quedaron reducidas a montañas de vigas y ladrillos.
De una de esas montañas salió con vida, casi milagrosamente, una mujer de unos cincuenta años, apellidada Yang: "En el momento del terremoto, todo se movía, no me podía tener en pie".
"Después, perdí la visión, y media hora después salí de los escombros", relata la superviviente, vestida con el mismo traje y las pantuflas con las que estaba en el momento de la tragedia, ya que es lo único que le queda.
Ella tardó media hora en salir de su casa derruida, ayudada por sus familiares, pero su madre, que también ha sobrevivido, tardó cuatro horas en ser rescatada.
Escenas de alivio como ésta y de tristeza se intercalan a lo largo de estas duras jornadas: la propia Yang tiene que consolar a Zhang Tao, una emigrante que acaba de llegar de la provincia vecina de Qinghai para ver si sus parientes han sobrevivido, y ha descubierto que ni su marido ni su madre lo consiguieron.
Zhang, desconsolada, es acompañada por dos enfermeras que intentarán calmar su ansiedad, mientras a su lado pasa una comitiva transportando, entre muestras de dolor, una manta en la que está envuelto un cadáver de una mujer.
También son abundantes las escenas de solidaridad, tanto en Juyuan como en Dujiangyan, en donde la población hace cola para que los equipos de socorro les entreguen algo de comida y agua, que escasean en la zona tras el desastre.
"Hacemos cola una hora y media para recibir un botellín de agua y unas galletas", explica Jin, uno de los afectados.
Ante el temor a que el desastre natural genere epidemias, efectivos sanitarios con mascarilla reparten panfletos a la población local, en los que aconseja lavarse las manos con frecuencia, abrigarse bien y calentar la comida, entre otras instrucciones.
En la carretera que va desde Chengdu, la capital provincial, a esas localidades y otras devastadas por el seísmo, se puede ver asimismo a muchos conductores con sus vehículos llenos a rebosar de comida y botellas de líquidos.
Son las muestras de solidaridad voluntaria, en un desastre que ha dolido profundamente al pueblo chino.
Los afectados agradecen la rápida ayuda en forma de efectivos del ejército, sanitarios y equipos de rescate, aunque continúan las dudas acerca de si muchas de las escuelas que se derruyeron -convirtiéndose en los grandes focos de la tragedia- podrían haber sido construidas con mejores materiales, en una zona de alto riesgo sísmico como es Sichuan.

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