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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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Oviedo, Álvaro FAES
En Singapur, en el muro de Renault, ya no estaba Flavio Briatore. Alonso salía por primera vez a la pista sin el escrutinio del gran jefe de la escudería, decapitado por el escándalo de hace un año en este mismo circuito. Tampoco tenía en el otro coche a Piquet, el brasileño que dinamitó el equipo con su chivatazo y que dejó temblando -una vez más- los cimientos de la Fórmula 1. Con Bob Bell a los mandos, la casa francesa hace un ejercicio de normalidad para volver a la rutina de las carreras, para que, cuanto antes, dejen de mirarle como el equipo tramposo. Pero el destino se fijó en Romain Grosjean, el inexperto subalterno, para lanzar un guiño lleno de esperpento. En su primera tanda cronometrada, todavía memorizando un circuito desconocido... ¡zas! El coche deja de hacer pie, da un trompo y golpetazo contra el muro. ¿Dónde? En la curva 17, la misma donde empezó a escribirse el principio del fin de Briatore en la Fórmula 1, quizá también el de Nelsinho Piquet. Las caras en el «banquillo» de Renault eran un poema.
El incidente del francés y los problemas mecánicos que padeció más tarde lastraron la jornada de pruebas en el equipo. Muchas ideas se quedaron en el tintero, sin prueba efectiva en pista, mientras Fernando Alonso cumplía con su parte del programa. Cuarto por la mañana y segundo por la tarde, a sólo 274 milésimas del Red Bull de Vettel. Logró su tiempo al final de la tanda, en un relevo de cinco vueltas y con un juego nuevo de neumáticos blandos.
El buen cronómetro no esconde las dificultades del trazado urbano de Singapur. Sobre una superficie sucia y muy resbaladiza, el sufría un acusado sobreviraje y carecía de buen agarre en las ruedas posteriores. Alonso se las arregló para completar 33 vueltas y dejar las cosas en manos de los ingenieros.
A la una de la madrugada en el circuito de Marina Bay, el asturiano atendía a la prensa después de rodar con un monoplaza ya sin los signos externos del que fue el gran patrocinador del equipo durante tres temporadas. ING rompió el contrato y ordenó retirar sus logotipos. Igual que Mutua Madrileña. Cuestión de imagen después del feo «caso Singapur». De lo que sucedió ayer en la pista salió la sanción de cinco puestos en la parrilla para Nick Heidfeld, obligado a sustituir la caja de cambios del BMW. Los McLaren aparecen como favoritos, presuntamente mejor adaptados, sin olvidar a los dos monoplazas de Brawn GP. Button y Barrichello se juegan el campeonato en las próximas carreras y con el calendario agotándose el inglés comenzará a marcar de cerca a su compañero para administrar los 14 puntos que le toma en el campeonato. A Vettel y Webber ya les queda demasiado lejos el liderato.
El que no estará en Singapur ni en todas las carreras que le quedan al campeonato es Flavio Briatore. Defenestrado de Renault y vetado en todas las competiciones de motor, el italiano reapareció ayer en un periódico de su país. Dice que no se rinde, que luchará para limpiar su nombre. «Al final ganaré yo y entonces haremos una gran fiesta. La organizaré como es debido e invitaré a todos los que han estado a mi lado en este período difícil». Se confesó «traicionado» por su mundo y no quiso comentar nada sobre la polémica.
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