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Oviedo, José Luis SALINAS
Caja Castilla-La Mancha (CCM) creció durante años al calor del despegue inmobiliario español. De hecho, durante mucho tiempo la entidad basó buena parte de sus resultados en la concesión de préstamos a promotores inmobiliarios y un fuerte crecimiento fuera de su territorio. Constituida en 1992 por la fusión de Caja de Ahorros de Albacete, Cuenca, Ciudad Real y Toledo, la entidad manchega, con más de un millón de clientes, se vio sorprendida por la crisis inmobiliaria y financiera con 19.536 millones de euros en inversiones crediticias y unos depósitos de 17.265 millones. El 37 por ciento de sus inversiones estaban comprometidas con el sector inmobiliario cuando fue intervenida por el Banco de España el pasado mes de marzo.
Juan Pedro Hernández Moltó, ex presidente de la caja manchega y ex diputado socialista, presumía públicamente en 2007 de tener una de las ratios de morosidad más bajas del sector en España, de tan sólo un 0,5 por ciento, mientras la media nacional era del 1 por ciento. En el momento de su intervención, golpeada por la desaceleración del ladrillo, la morosidad se le había disparado y se acercaba al 5 por ciento (en ese momento la media del sector era del 3,8 por ciento). En junio, cuando presentó sus resultados semestrales, la morosidad ya estaba en el 17,33 por ciento. Peligro.
El 29 de marzo de este año el Banco de España, amparado por el Gobierno de la nación, tomaban el control de la entidad e inyectaban unos 9.000 millones de euros para poder hacer frente a las obligaciones de CCM con sus depositantes y acreedores. La manchega había sufrido una fortísima caída de beneficios en 2008 (del 87 por ciento) y en el momento de su intervención estaba negociando su fusión con Unicaja. No obstante, las dificultades del grupo castellano-manchego llevaron al andaluz a supeditar la operación a ciertas cautelas. Entre ellas una auditoría para determinar con precisión la situación de CCM. Tras un profundo análisis, Unicaja llegó a la conclusión de que no se daban las condiciones adecuadas para llegar a una fusión.
La mayor parte del dinero prestado por Caja Castilla-La Mancha en los meses anteriores a su intervención estaba en unas pocas manos, en su mayoría empresarios inmobiliarios. En la lista de los grandes deudores figuran nombres de promotores como Román Sanahuja, Domingo Díaz de Mera, Ignacio Barco o Aurelio González Villarejo. Empresarios que consiguieron amasar su fortuna durante el boom del ladrillo y que ahora tienen muchas dificultades para conseguir sacar adelante sus promociones. La entidad fue en su momento una de las financiadoras de Antonio Hernando «El Pocero», que edificó en la localidad toledana de Seseña la macrourbanización que a la postre se convirtió en el paradigma de los excesos urbanísticos. Pero la relación entre ambos acabó mal y la entidad manchega dejó de financiar al controvertido empresario.
El fin del auge constructor fruto de la crisis internacional y de un acusado descenso de la compraventa de viviendas pasó una cara factura a la caja manchega, pero también lo hizo la política de expansión que tomó la entidad presidida por Hernández Moltó. CCM tomó el camino de la expansión con mucha intensidad fuera de su territorio natural, una estrategia comercial que siempre pasa factura porque establecerse en un sitio ajeno obliga a competir de una manera más agresiva y, por lo tanto, a asumir más riesgos. Así, la entidad cuenta ahora con 580 oficinas repartidas (Cajastur tiene 343), mayoritariamente por el triángulo del sureste del país. Su red y su plantilla (de unos 2.400 empleados) se reparte por 20 provincias de ocho regiones, ninguna de ellas en la cornisa cantábrica. Las oficinas de CCM más cercanas a las de Asturias están en Valladolid y Burgos. En el momento de su intervención, CCM ocupaba el último lugar, de las 45 cajas españolas por solvencia, con una ratio del 3,27 por ciento.
Otra de las apuestas presumiblemente arriesgadas de Juan Pedro Hernández Moltó fue la de financiar las compras de los accionistas del núcleo duro de la inmobiliaria Colonial, entre ellos el empresarios astur mexicano Luis Nozaleda. La manchega entró también en varias inversiones que no han resultado bien. Una de ellos fue el aeropuerto de Ciudad Real, que arrastra una fuerte deuda, y donde según la firma Ernst & Young, CCM tiene concedidos, tanto por vía directa como indirecta, créditos que superan los 200 millones de euros. Otro caso es el del complejo hotelero y de ocio Reino de Don Quijote, ubicado a tres kilómetros de Ciudad Real, con más de 1.100 hectáreas de extensión, varios hoteles de lujo, campo de golf, una zona comercial exclusiva y un gran casino que iba a construir uno de los mayores promotores del negocio del juego (Harrah's Enterteiment). Pero este gigante ya ha anunciado que congela su participación. La implicación de Caja Castilla-La Mancha incluye la propiedad del 13 por ciento del capital de la sociedad que sostiene el conjunto del proyecto y créditos de dudosa recuperación. CCM tiene además participaciones accionariales de referencia en 27 sociedades a través de CCM Corporación, creada en 2000. De ellas, 12 son de servicios; 10, inmobiliarias; 2, financieras; 2, manufactureras; 2, aseguradoras; 2, de infraestructuras; 2, de agencias de valores; 2, alimentarias; 2, energéticas; 2, tecnológicas, y 1, extractiva.
Fusión
Caja Castilla-La Mancha nació en 1992 tras la fusión de Caja de Ahorros de Albacete, Cuenca, Ciudad Real y Toledo. En la actualidad cuenta con un millón de clientes.
Oficinas y plantilla
La entidad tomó el camino de expandirse con mucha intensidad fuera de su territorio natural. Así, la entidad cuenta ahora con 580 oficinas repartidas por el triángulo del sureste del país. Su plantilla (unos 2.400 empleados) y su red de oficinas se reparte por 20 provincias de ocho regiones.
Ladrillo
CCM basó la mayor parte de su crecimiento en la concesión de préstamos a promotores inmobiliarios. Entre sus clientes de figuran Román Sanahuja, Domingo Díaz de Mera o la familia astur mexicana Nozaleda.
Mora
La exposición de la caja al ladrillo provocó que su nivel de mora se disparara. Pasó del 0,5% en 2007, al 17% este mes junio.
«¡Míreme a la cara!»
El ex presidente de CCM Juan Pedro Hernández Moltó protagonizó en 1994, cuando era diputado socialista, un duro interrogatorio con Mariano Rubio, que había dimitido como gobernador del Banco de España tras descubrirse sus operaciones con dinero negro. En una Comisión de Economía, Moltó le espetó: «Señor Rubio, ¡Míreme a la cara! Me recuerda ¿no? Tiene la obligación de demostrar su inocencia ante esta Cámara o su responsabilidad».
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