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HEMEROTECA » EL TIEMPO » |
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POR CAROLINA G. MENÉNDEZ La solución al problema de la obesidad puede estar más cerca. Existe una hormona llamada leptina (palabra que procede del griego «leptos», que significa «delgado») que tiene una gran influencia en la regulación del hambre y el peso del organismo, lo que ha llevado a realizar estudios sobre su posible papel como tratamiento de la obesidad. Esta hormona actúa de la siguiente forma: «Se sintetiza en los adipositos del tejido adiposo blanco, circula por la sangre unida a proteínas transportadoras y actúa en el hipotálamo, donde regula el apetito y el balance energético», apunta el doctor Florentino Casal.
Su descubrimiento en los años noventa por Jeffrey Friedman y sus colaboradores de la Universidad norteamericana de Rockefeller «ha provocado una enorme expectación en el mundo científico, y ha sido un gran impulso en la investigación sobre la obesidad, como no se conocía en los últimos años», señala el endocrino y nutricionista.
Unos años antes de la revelación de Friedman, a finales de los setenta, el investigador Coleman ya había descubierto que un tipo de ratones denominados «ob/ob» (modelo animal de obesidad genética) carecía de un factor circulante en su sangre que le impedía la regulación de la ingesta de alimentos y le hacía ganar peso.
Fue posteriormente cuando se produjo la clonación del gen «ob», y la identificación de su producto plasmático resultó ser la leptina, relata el doctor Casal. Así, la administración repetida de leptina al ratón «ob» le hacía perder peso. Cuando esta prueba se determinó en humanos, resalta el especialista, se observó «que existe una relación entre los niveles de leptina y la grasa corporal, con un discreto aumento en las mujeres para un mismo índice de masa corporal».
Esta hormona, cuya actuación se realiza fundamentalmente a nivel hipotalámico, donde se han encontrado receptores, aparte de disminuir el apetito, desarrolla mecanismos que hacen aumentar el gasto energético. No obstante, aunque es una señal que reduce las ganas de comer, se ha demostrado que los obesos tienen una concentración más alta de leptina en sangre que las personas con un peso normal, es decir, son resistentes a ella y, a pesar de producirla en grandes cantidades, el organismo no les responde adecuadamente. Algo muy similar ocurre con los diabéticos tipo 2 y su resistencia a la insulina. Según pone de manifiesto el doctor Florentino Casal, hay investigadores que plantean que dicha resistencia es consecuencia de la reducción del transporte de la leptina hacia el líquido cefalorraquídeo.
Los experimentos realizados hasta la fecha, aunque han supuesto un avance importante en el conocimiento de la obesidad, enfermedad conocida como la epidemia del siglo XXI, todavía necesitan el respaldo de numerosos ensayos clínicos.
Si bien parece que la leptina puede llegar a convertir en realidad el sueño de muchos obesos , aún es pronto para lanzar las campanas al vuelo. De momento, existen estudios preliminares que muestran que un tratamiento diario con leptina es seguro desde el punto de vista clínico, sin desagradables efectos secundarios, manifiesta el doctor Casal. No obstante, hace hincapié en la necesidad de realizar análisis con un mayor número de pacientes para confirmar las buenas impresiones iniciales del descubrimiento, que entonces causó gran revuelo. «Pero, en general, se acepta que un grupo de pacientes con niveles de leptina bajos podrían beneficiarse de este tratamiento», añade.

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