Ribadesella, Bárbara MORÁN
En plena temporada estival, por primera vez en treinta años, desde que hay un régimen de visitas, las puertas de Tito Bustillo llevan cerradas siete días. La explicación oficial es la inundación que sufrió la cueva el pasado día 16, aunque, según ha podido saber este periódico, el nivel del agua fue esta vez menor que durante la última inundación que sufrió la caverna, en el mes de abril del año 2007. Entonces la cueva sólo estuvo cerrada dos días.
La «verdadera» razón de que la caverna siga cerrada es que la Consejería de Cultura va a contratar a una empresa privada la limpieza del yacimiento. En anteriores crecidas eran Millara y algún guarda de la cueva los que se encargaban de la limpieza, «armados» de carretilla y pala. Ayer, Millara recordaba las tareas de limpieza realizadas en 2007. También hacía hincapié en que evitar que la cueva se inunde es posible con la construcción de una presa en el río San Miguel, que en parte discurre por el interior de la caverna. En Tito Bustillo hay quince pases diarios de 24 personas cada uno; esto es, 360 personas al día, de miércoles a domingo. Los cálculos son sencillos: seis días de cierre implican que hasta 2.160 personas han podido perder sus reservas.