Eloy MÉNDEZ
En Gijón, el verano empieza con calor por imperativo legal. El que desprenden las decenas de hogueras que colectivos vecinales, particulares o la autoridad municipal encienden a lo largo y ancho del concejo para festejar que abrigos y paraguas ceden el protagonismo a bañadores y toallas. Con el fuego purificador arrancaron ayer más de dos meses de fiestas de prao, conciertos al aire libre, semanas culturales, ferias de exposiciones y saraos de todo tipo y condición. A San Juan, le correspondió una vez más el honor de prender la mecha de la diversión que después proseguirá con San Pedro, la Virgen de Begoña y la treintena de patrones de la zona rural. Un rosario de celebraciones religiosas y laicas que elevan el ritmo cardiaco de la ciudad hasta el amago de infarto. El cielo despejado y la agradable temperatura ambiente pusieron de su parte para que miles de gijoneses ocuparan playas y parques en torno a alguna fogata.
Poniente brilló a medianoche con luz propia ante la mirada de centenares de curiosos que contemplaron, con cierta admiración estética, el fuego que acabó con los kilos de madera instalados por el Ayuntamiento en medio del arenal. La hoguera «oficial» de la ciudad se consumió en poco menos de dos horas, tras la traca pirotécnica y la danza prima, rodeada de representantes de todas las facciones locales: jóvenes arremolinados en torno a sus propias piras y acompañados de brebajes con graduación alcóholica, matrimonios con niños recién salidos de la fiesta de fin curso, mayores fuera de casa a una hora poco prudente, foriatos en busca de una buena fotografía que haga inolvidables sus vacaciones... Una masa heterogénea que, después, prolongó más o menos la fiesta en función de sus necesidades lúdicas. «Es la única noche en la que me dejan salir hasta las tantas», anunciaba Álvaro Suárez, de 16 años, sobre la arena.
El alboroto había comenzado horas antes en distintos puntos del casco urbano. En el paseo de Begoña, el grupo folclórico «Los Xustos» animó al personal con bailes. Después, se procedió al enramado de la estatua de Pelayo y las bandas de gaitas «Villa de Xixón» y «Noega» realizaron un pasacalles que concluyó a la orilla del mar, donde la música de «Asturiana Minning Company» puso el colofón tras el final de los fuegos. «San Juan en Gijón es distinta al resto de fiestas porque es bajo el cielo y a la orilla del mar», comentaban con tono poético Antonio Prendes y Aurora López, un matrimonio langreano.
El programa institucional tuvo su contrapunto en los festejos populares que se repartieron por numerosos barrios y parroquias. Mareo acaparó el protagonismo en la zona rural con una hoguera multitudinaria que puso de relieve el tirón de sus celebraciones. Antes, la misa en la iglesia y la entrega del bollu preñau y la botella de vino dieron solemnidad a un día que acabó con música de orquesta. También Ceares hizo del fuego su pasión con su particular quema de material desechable junto al parque de Los Pericones, organizada por la Asociación de Vecinos «La Cruz». Una merienda en La Tejerona calentó motores durante la tarde.
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