JAVIER MORÁN
Como ya había sucedido con su propuesta de soterramiento de la estación intermodal, el PP de Pilar Fernández Pardo ha vuelto a pinchar en alguno de los flancos más débiles del gobierno municipal de Paz Fernández Felgueroso. Ahora, propone Pardo ejecutar de inmediato una parte lamentablemente olvidada del plan de la fachada marítima: reformar el Muro mediante el enterramiento de parte del tráfico, construir un estacionamiento subterráneo y ampliar el paseo para el peatón.
Y nuevamente el órdago electoral del PP consiste en utilizar las propias cartas de la Alcaldesa, aquellas que la regidora ha olvidado en el mazo. Es decir, Felgueroso aceptó hace cinco años una estación ferroviaria soterrada en el Humedal, pero ahora prefiere una en Moreda, y en superficie.
Lo mismo sucede con el muro de San Lorenzo, ya que el plan elaborado hace años por los arquitectos Jorge Palat, Ramón Palat y Ángel Mayor, con la colaboración del gallego-mierense Celestino García Braña, contenía tanto propuestas para las fachadas como soluciones para el paseo.
Sin embargo, el plan del Muro es hoy un conjunto de subvenciones municipales, de cuantía elevadísima, a las comunidades de vecinos de Rufo García Rendueles y aledaños. Una operación suntuosísima que ha desplazado la reforma del paseo, la cual beneficiaría a los gijoneses en general, aunque sólo fuera por ese estacionamiento subterráneo para un barrio tan saturado como el de la Arena.
Insistimos: la operación del Muro es extremadamente suntuosa e impropia de cualquier ciudad con necesidades urbanísticas no cubiertas. Es como si sobrara el dinero, aun cuando existen hoy caminos rurales en el concejo que son puro dolor -y en los que hasta mueren bomberos-; o no se han ejecutado conexiones planificadas hace veinte años -Sanz Crespo con Príncipe de Asturias-; o no se han adoptado soluciones de tráfico en las vías más atormentadas -pese al siempre anunciado plan de movilidad-; o permanecen visibles por toda la ciudad medianeras rabiosamente antiestéticas; o, en suma, no se ha distinguido este Ayuntamiento por lograr una ciudad menos contaminada, ruidosa y sucia.
Ni siquiera el suntuoso plan del Muro introducirá un elemento estético diferenciable en las fachadas, sino costosísimas instalaciones de vidrio. Si este proyecto lo hubiera auspiciado un Ayuntamiento de derechas, estamos seguros de que la izquierda inteligente se estaría rasgando las vestiduras.
Sin embargo, a Felgueroso nadie le ha tosido en su partido, pese a que es bien sabido que cuando la Alcaldesa cabalga con su contumacia habitual nos regala a los gijoneses la referida barrera ferroviaria que seguirá siendo barrera; o la lóbrega fachada urbana del balneario de Poniente; o el silencio sobre la desfiguración arquitectónica de la Universidad Laboral; o, en otro orden de polémicas, el mutismo sobre el futuro del sector naval, o sobre la responsabilidad municipal en el caso de Morala y Carnero.
Cierto es que su tenacidad y entrega a la ciudad han sido constatables, y con ello ha obtenido triunfos reseñables, como el del Casino, frente al Principado de Areces, o como el franco empuje de la producción de suelo industrial, pese al olvido e indolencia de etapas anteriores.
Pero repetimos que los flancos débiles del Ayuntamiento de Felgueroso son numerosos, y en ellos hurga Fernández Pardo, quien, pese a tener el partido medio patas arriba, y andar con patatas calientes entre las manos -como la de Madiedo Hontañón-, y de no tener estrategas políticos soplándole al oído, prosigue con el lanzamiento de órdagos electorales que dejan en evidencia a Felgueroso.