J. C. GEA
Ha de ser liberador disponer de las licencias con la verdad y la coherencia lógica y moral que se autodispensan los políticos. Un político puede predicar como propio el mismo proyecto al que se opuso cuando convino -así, dice nuestro PSOE, está haciendo nuestro PP con su proyecto estelar para el Muro-, o permitirse un público y reiterado no enmendalla y sí enmerdalla cuando todo obligaría a cantar la palinodia a cualquier ciudadano con decoro, probidad y respeto a la inteligencia ajena. Un político puede, al parecer sin consecuencias visibles, y me temo que tampoco invisibles, contradecirse sin incurrir en contradicción y faltar a la verdad sin incurrir en engaño. Confieso que envidio a los políticos esa flexible relación de conveniencia con los compromisos sintácticos, semánticos y morales que en principio nuestra cultura sólo reservaba a los artistas: «Para pintores y poetas, todas la licencias», decía el dicho. «Y para políticos», hay que añadir.