Miriam SUÁREZ
Por el Ateneo de La Calzada pasaron el año pasado unas 400.000 personas. En el edificio se reúnen 18 colectivos ciudadanos, ensayan cuatro coros y un grupo de teatro y se imparten talleres de la Universidad Popular, un gigante del asociacionismo y la cultura que, con la descentralización del servicio municipal de Atención Ciudadana, se ha convertido también en órgano administrativo del barrio.
«Aquí se puede hacer de todo, desde pagar multas a recargar la tarjeta del autobús», verifica José Antonio González Hevia, ordenanza del Ateneo desde hace 16 años y una de las pilas que mantienen en funcionamiento este centro municipal atípico; tan atípico que hay quien lo considera una especie de Ayuntamiento de barrio, una Casa Consistorial a pequeña escala donde el «alcalde» sería Avelino Alonso, músico de profesión.
El potencial del Ateneo, emblema del movimiento asociativo más vigoroso del municipio y de un orgullo de barrio sólo comparable al que sienten los vecinos de El Llano, surge de una historia marcada por la rebeldía política. Cuenta José Fernández, con 91 años de memoria, que «el Ateneo se creó poco antes de la guerra civil con aportaciones de los vecinos. De aquélla había mucho afán por dar conferencias, y en el local se creó ya una pequeña biblioteca».
Fernández, padre del máximo accionista del Sporting y dueño de una conocida imprenta situada a un par de metros del Ateneo, recuerda que «al principio de la guerra ese local se utilizó como cuartel y, luego, lo cogió Educación y Descanso como centro de ocio, pero la gente no acudía, porque era del sistema. Como sabrá, éste es el cinturón rojo de la ciudad». El club de fútbol La Calzada, semilla del ahora Gijón Industrial, «fue el que rescató ese local para uso de los vecinos», prosigue don José, presidente de esta entidad deportiva durante 15 años.
El local del que tanto habla este veterano de La Calzada es ahora un edificio de seis plantas, con aulas para talleres, salón de actos, zona de exposiciones y una biblioteca que ahora cuenta con 14 ordenadores desde los que se puede consultar internet. Tan importante es para el barrio este hito de la cultura popular que a la calle que le pasa por delante se le ha puesto el nombre de Ateneo Obrero de La Calzada.
«Es tremenda la cantidad de actividades interesantes que hay ahí», aprueba José Fernández. El balance del pasado ejercicio arroja cifras que así lo confirman, aunque sólo la biblioteca, corazón del Ateneo desde sus orígenes, supera los 100.000 registros. Le sigue en número de usuarios el cajero de Emtusa (82.213); la actividad cultural del Ateneo (73.037); el servicio de Atención Ciudadana (35.846); los talleres (21.226), y los cursos que la Universidad Popular imparte en el Ateneo (18.318). Lo dicho: «Que el que baja a Gijón es porque quiere», concluye José Antonio Hevia. Y habla como un vecino de La Calzada más.