Lne.es » Gijón
 Noticia anterior   Noticia siguiente 

Dioni Viña, periodista

 
Enviar
Imprimir
Aumentar el texto
Reducir el texto
Dioni Viña, periodista
Dioni Viña, periodista ángel gonzález
 MULTIMEDIA

DAVID VIÑA Alcaldesa, vecinos y amigos. En la Navidad de 2005, un año después de su enfermedad, mi padre empezaba su anual charla en el Ateneo Jovellanos, rodeado de amigos, mostrando unas considerables secuelas físicas y diciendo: «Amiguinos, esto ye lo que queda de Dioni Viña». Y hoy me gustaría empezar diciendo «esto es lo que nos ha dejado Dioni Viña». Y qué nos ha dejado, nos ha dejado mucho cariño, muchísimas muestras de afecto, sus libros, sus escritos, una cantidad ingente de amigos y un vacío impresionante a todos los que le queríamos. Además, hoy pasará a la historia de nuestra ciudad con el descubrimiento de esta placa-monolito y con su nombre presidiendo este parque. Os puedo asegurar que nunca se hubiera imaginado todo esto y estará encantado, allá donde esté, en compañía de mi abuela Consuelo, quien seguramente estará diciéndole algo como «ay Dionisín, con lo ordinariu que eras hablando mira lo que has hecho».

Nuestra vida ha cambiado, para siempre, ya no será la misma y estamos todavía aprendiendo a vivir sin él. Está siendo duro, como a todos los que han pasado por este extraño trago de la muerte. Es difícil pensar que nunca más llame para ir a dar una vueltuca. Mi padre nos enseñó algo importante, en este mundo loco, globalizado, estresante, con poco se puede ser feliz. Y él lo fue, con su familia, con sus amigos, con Gijón. Cuando paseábamos por la ciudad, muchas veces teníamos el mismo recorrido, salía de casa diciendo: «Venga, vamos pal periódico que tengo un notición pa Canellada». Y allí íbamos sin parar de hablar; eso sí, hacíamos una parada técnica a ver al Caruca, en el Parchís. Mi padre murió con 64 años y eran amigos desde los tres. ¡Casi nada! Luego al periódico, donde lo mataban a besos, ¡qué pila de fans tenía! Y allí hablando con Fernando y sus compañeros, y mientras hablaban, por supuesto de Gijón y sus gentes, hacían alguna llamada a Oviedo para machacar a risas a Antonio Otero. Este proceso era agotador y claro, antes de ir a comer, había que ir a hacer otra parada técnica para recuperar fuerzas, e íbamos a visitar a otro gran amigo suyo, Orlando. Unas sidras en el Cartero y para casa a comer.
Son muchas las historias que nos ha dejado, pero imposibles de contar en unas pocas líneas, aunque alguna esté ya bien retratada por él, como esa historia suya sobre les «bragues de Tina Tarner». Era una enciclopedia andante de Gijón, conocía cada calle, cada rincón, a gran parte de sus gentes, su historia. Cualquier cosa que le preguntabas lo sabía y siempre estaba leyendo algún libro sobre su ciudad, la ciudad que ahora le rinde este entrañable homenaje. Caminar ahora por Gijón todavía se me hace extraño sin su presencia y en cada esquina me puedo encontrar a alguien que me habla maravillas de él, de lo que lo echan de menos y de la manera en la que querían homenajearle. Felipe del Campo quería que una escalera de la playa llevara su nombre, Vicente Cueva le escribió una canción, Alfonso Peláez insinuó que los patos se llamaran Los Campinos de Dioni y junto con Piñera y Mingotes nos han sorprendido con un libro precioso. Y, cómo no, el Ayuntamiento y la ciudad, rindiéndole este tributo. Que le den el nombre de un parque a tu padre no sucede todos los días, por eso el día de hoy será para nosotros un día inolvidable.
Ahora ya no volverá a decirnos cosas como «yes un carañocla, mira que no saber lo que ye una gaspia, ¿pero tú en qué pueblu vives?». Ni volveremos a ponernos nerviosos en la cabalgata de Reyes, como un año cuando esperando su paso por Begoña ésta estaba parada y no sabíamos por qué. Nos imaginábamos lo peor, su corazón no estaba bien y el retraso era inexplicable. Pero no fue nada, sólo un tractor estropeado. Y por ahí pasó él, por la calle San Bernardo en dirección al Ayuntamiento, con su eterna sonrisa, con una extraordinaria cara de felicidad, con su gran barba, que desde septiembre dejaba crecer, teñida de marrón y regalándonos besos por doquier. ¡Era el Rey Gaspar! También tuvo sus historias como Rey Mago, pero la que más le enorgullecía era una que sólo Pelayo y su mujer conocen.
Mi padre nos confesó días antes de fallecer que fue feliz, y decía que lo más grandioso que le puede suceder a un gijonés era dar el pregón de las fiestas de su pueblo. Y eso hizo, hace exactamente un año. Estaba nervioso, pero salió airoso. Fue precioso, otro día inolvidable viéndole leer el pregón desde el balcón del Ayuntamiento con una plaza mayor rebosante. Sin embargo, también dejó cosas por hacer, proyectos que tenía en mente. Todavía en el hospital, cuando le dijeron que se le podía implantar un marcapasos que podía ser la solución a su problema, entró en un estado de euforia y me llamó diciendo: «¡Fíu van a poneme el marcapasos. Cuando salga de aquí voy a escribir una novela costumbrista de Gijón y voy a poner a Ramonín el Colorao de alcalde!». Tenía otro libro en mente que nunca llegó a escribir, y que era uno sobre todas esas personas de Gijón que todo el mundo conocía de vista, pero nadie conocía de verdad. Y también se fue sin ver algo que pidió alguna que otra vez, y que no era otra cosa que la reconstrucción de la antigua Puerta la Villa.

El próximo jueves, el día 16, se cumple el día en que hace 65 años, en agosto de 1942, nacía en una casina de la calle Antonio Cabanillas un rapazucu de Ceares, como se hacía llamar, que estudió en el Inmaculada y en el Codema, que su Universidad fue la calle, que se casó en El Coto, que vivió y nos crio en la calle Cabrales, que trabajó en varios medios de comunicación, aunque hizo suyo LA NUEVA ESPAÑA, que fundó el Gijón Baloncesto, que pasó media vida en el Grupo, que disfrutó y sufrió con el Sporting, que se transformaba en el Rey Gaspar todas las Navidades, que paseó miles de veces por San Lorenzo enseñando a todo el mundo ese pequeño manantial de agua dulce que surge delante de San Pedro, que siempre lo encontrabas atravesado por Gijón seguramente hablando con alguien, que escribió unos librucos bien curiosos, que siempre se definió como una persona más bien casera (Casa Justo, Ataúlfo, RománÉ), que hizo algo en vida muy difícil y que no todos seremos capaces de hacer y que fue dejar una cantidad impresionante de muy buenos amigos y todo esto junto a su gran pasión, su trabajo, el periodismo. Si le preguntabas qué se sentía, seguro que respondía: «¡Yo, periodista!». Y lo más importante para él, sin lugar a dudas, siempre con el apoyo de nuestra madre a su lado, hasta el final, su Lola. Como él decía, quien acierta en el casar no tien más que acertar. ¡Y qué razón tenía!
Ese rapazucu se llamaba Dionisio y de apellido Viña. Ese rapazucu fue una gran persona, un excelente marido, mejor padre y en el poco tiempo que pudo un magnífico abuelo. Era nuestro padre, Dioni Viña, para nosotros el mejor padre del mundo. Desde hoy este parque llevará su nombre.
Muchas gracias a todos.

COMPARTIR
 
  HEMEROTECA

HACE 25 Y 50 AÑOS

Portadas La Nueva España

Portadas de La Nueva España

Las portadas de hoy de La Nueva España hace 25 y 50 años

     CONÓZCANOS: CONTACTO |  LA NUEVA ESPAÑA |  CLUB PRENSA ASTURIANA |  PUNTOS DE VENTA |  PROMOCIONES    PUBLICIDAD: TARIFAS| AGENCIAS|CONTRATAR  
Lne.es y La Nueva España son productos de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de La Nueva España. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.


  Aviso legal
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad