OLIVER DÍAZ
DIRECTOR DE LA ORQUESTA SINFÓNICA DE GIJÓN
-Oiga, esto de la OSGI suena muy bien...
-Como titular es la primera orquesta que dirijo, y he de agradecer a todos, tanto a la dirección del teatro Jovellanos como a los músicos, la confianza que han depositado en mí. Es difícil que a un director joven -tengo 35 años- le den una responsabilidad tan alta.
-¿Su disposición cómo se explica, herencia genética o talento casual?
-Mi padre dispone de gran sentido artístico, pinta muy bien y le encanta la música.
-Así que a usted...
-Mi familia quiso guiarme hacia la pintura, pero era tan malo que desistieron. La música fue la alternativa, porque dicen, y no sé si será una fábula casera, que a los dos años tocaba al piano el villancico «Noche de paz» con un solo dedo.
-¿Recuerda cuándo vistió un frac por primera vez?
-Claro, y fue muy emocionante. Lo estrené en un concierto para piano y orquesta celebrado en Madrid, en el Centro Cultural de la Villa, en homenaje al compositor Román Alís. Yo era el solista de piano, con 21 años.
-Aunque el hábito no haga al monje, ¿se sintió músico de verdad?
-Supe que quería serlo. Luego, tras seis años en EE UU, cuatro en Baltimore de piano y dos en Nueva York haciendo dirección de orquesta, me cercioré de que o me dedicaba a la música o me moriría de hambre. No sé hacer otra cosa.
-¿Desde su tarima de director suele fijarse en las chicas?
-Es inevitable... A la que va a ser mi esposa la conocí en el primer ensayo de la orquesta. Es violonchelista, y desde ese momento ya no me ha permitido fijarme en más.
-¿Se santigua antes de alzar la batuta?
-No, pero respiro hondo en los instantes previos a la salida al escenario. No soy nada maniático; es sólo un recurso de serenidad física, sobre todo para no toser.
-Su coleta ya es inherente a su personalidad, ¿por qué se la cortaría?
-Estuve a punto de hacerlo al final del último concierto del ciclo «Música, maestro»... No es algo a lo que esté aferrado, así que no me iba costar demasiado suprimirla.
-¿Y las venas?
-Las venas por nada, pero, en caso de desesperación y a modo de sucedáneo, puedo escuchar un bolero. Es una buena fórmula para que te sangre el corazón.
-Diga un título.
-Uno de Armando Manzanero, «Contigo aprendí que existen nuevas y mejores emociones...»
-Oiga, Gijón se está pareciendo a Salzburgo; entre el éxito de las óperas, el Festival de música antigua, los conciertos...
-Tienen mucho que ver en este crecimiento musical de la ciudad las oportunidades que están dando las instituciones a la gente joven. Es importante cuidar la cantera.
-¿Piensa que su juventud se le está yendo en aras del esfuerzo?
-No, tuve tiempo para todo, y la música no sólo no me ha quitado juventud, sino que me la alarga al mantenerme en el rango de estudiante; profesional, pero estudiante.
-¿Hay puñaladas traperas en un campo tan supuestamente selecto?
-Sí, porque ésta es una profesión de riesgo. Llegar a un escenario no es sencillo e influyen en ello muchas cosas, entre ellas la suerte. Es lógico que existan codazos y zancadillas.
-¿Qué daría por dirigir la Filarmónica de Berlín?
-Mucho. Si después me la perdonaran por haberlo hecho muy bien, daría media vida.
-¿Su ídolo entre los maestros del atril?
-Carlos Kleiber; para mí, el más grande. Falleció hace 6 o 7 años. Él era la música.
-¿Y su compositor?
-Mis favoritos son Beethoven y Brahms, aunque trato de que el predilecto sea el que firma la partitura que he de dirigir en cada momento.
-Si tuviera usted vía libre, como el Barça o el Madrid, para formar un equipo orquestal...
-De concertino pondría a Menuhin, aunque ya no está. Como primer violonchelo al japonés Yoyo Ma... Y por ahí en adelante.
-¿Dónde lleva un tatuaje? ¿Y un piercing?
-En ningún sitio. Me gusta la piel limpia, al natural.
-¿Desde qué nivel se puede hacer rico un músico?
-Siendo director de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, o del Metropolitan, la de Berlín y poco más, aunque, en general, de la dirección se puede vivir bien; no está mal pagada.
-Dicen que Max Valdés gana más que el presidente del Principado...
-No lo sé, pero es posible.
-¿Qué le quita el sueño?
-No estar a la altura de las circunstancias por mi falta de preparación.
-Va a dirigir la OSPA este verano. ¿No es algo impresionante? Tantos maestros de primer orden obedeciendo a un pipiolo como usted...
-Mantengo buena relación con todos sus componentes y trataré de convencerlos de mi capacidad con las armas de un buen trabajo.