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Saber dar gracias

 
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Saber dar gracias
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JOSÉ LUIS MARTÍNEZ Durante el viaje a Jerusalén, Jesús sigue instruyendo a sus discípulos, dándoles las últimas recomendaciones: «No viváis esperanzado recompensas ni oprimidos bajo la amenaza del miedo. Adoptad en vuestra conducta una actitud de confianza y humildad. Sed agradecidos».
En algún lugar del camino tiene lugar el encuentro de Jesús con diez leprosos. Allá, lejos, apartados del camino, fuera del contacto con la gente, los leprosos gritan, intentando llamar la atención de Jesús, que pasaba. El griterío y las voces de auxilio -«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros»- llegan hasta el Señor, que, solícito, atiende la petición de los leprosos. Jesús les cura y les recomienda que se presenten a los sacerdotes que confirmarían legalmente la curación. De los diez sólo uno, y éste samaritano, vuelve para dar las gracias.
La gratitud es una faceta exquisita de ser personas. Dar las gracias es señal de buena educación, que expresa el reconocimiento del buen hacer de los demás. Ser agradecidos es más que pronunciar unas palabras de forma mecánica. La gratitud es aquella actitud que nace del corazón, en aprecio a lo que alguien ha hecho por nosotros. El agradecimiento no es pagar una deuda, sino reconocer la generosidad ajena.
En nuestras oraciones abundan los sentimientos de petición y escasean las actitudes de acción de gracias. Quizá la oración más breve pero más profunda es decir «gracias». Debemos ser agradecidos y dar gracias a Dios por la vida, por la fe, por la familia y la amistad, por sentirnos amados por Él, por formar parte de una comunidad de creyentes que siguen y creen en Jesucristo, por quien hemos conocido la verdadera imagen de Dios, alguien próximo, cercano, amigo, Padre.

Joan de La Bruyère dice: «Sólo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud. Debemos aprender a decir ¡gracias!».

«Por tu fe has sido salvado», le dice Jesús al leproso curado agradecido. Hay una íntima relación entre los milagros y la fe. Jesús siempre exige la fe como condición previa al hecho milagroso. La curación de la mujer que padecía flujos de sangre, la vuelta a la vida de la hija de Jairo y en otras curaciones hay siempre una actitud de fe y de confianza.
Nuestra relación con Dios descansa en este ambiente de fe que nos ayuda a seguir adelante en el intento de anunciar y vivir el amor de Dios al mundo, confiados en la promesa de su presencia permanente en medio de nosotros.

José Luis Martínez, sacerdote jubilado.

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