Alejandro ROZADA
El arzobispo, Carlos Osoro, bendijo durante la tarde de ayer las instalaciones del Hogar Santa Teresa Jornet tras las obras de rehabilitación de la planta baja y la cubierta de la residencia. El prelado remarcó la coincidencia de esta celebración con la conmemoración de la festividad de la Virgen del Pilar.
En el multitudinario y solemne acto religioso estuvo la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, acompañada del concejal de Cultura, Justo Vilabrille, y la concejala de Servicios Sociales, Esperanza Fernández. Además, varios sacerdotes de la ciudad cooficiaron la misa, a la que acudieron las trece religiosas y los 175 ancianos que viven en el hogar, y en la que cantó la Coral «Luis Quirós» de La Calzada.
El prelado remarcó la labor de cuidado a los ancianos que realizan las hermanitas de Somió. En su homilía, resaltó que «este trabajo es digno de ser homenajeado y reconocido porque presta ayuda a los que lo han dado todo por los demás».
Osoro destacó que las obras de rehabilitación acometidas en la residencia harán «más llevadera, agradable y confortable la existencia de los ancianos que conviven entre estas paredes», y distinguió el auge de este tipo de servicios, que reflejan, comentó, «el crecimiento de la Iglesia».
Las últimas obras en el Hogar Santa Teresa Jornet han supuesto una modificación total del aspecto de su cubierta y de la planta baja; además, posibilitaron la apertura de nuevas dependencias, que incluyen habitaciones dobles, con amplios baños, servicios de peluquería, podología, odontología, espaciosos comedores y extensas salas de rehabilitación.
La congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados inicia así una nueva etapa tras su afincamiento en Somió, en 1973. Manuela García, madre superiora del convento, realzó que «las religiosas podrán seguir completando su misión de hacer el bien cuidando, acogiendo y prodigando todo tipo de asistencia, inspirada en la caridad evangélica a los más necesitados».
En este contexto se sitúa la labor de atención a los ancianos que habitan en la residencia de Somió. Al fin y al cabo, ellos son los principales beneficiados por la altruista tarea que realizan Manuela García y el resto de hermanas. Por eso, ayer se mostraban muy felices y acogieron con gran alegría la reforma realizada en su hogar.
Josefa Marqués, apodada «La Marquesa», era una de las más entusiasmadas en la jornada festiva. El próximo día 21 cumple dos años residiendo en el hogar, y durante este tiempo ha podido comprobar que, «en el mundo, no hay ningún sitio como éste», dijo. A la hora de destacar algo de la residencia, no tuvo dudas en destacar «la comida, la limpieza, el buen trato que nos ofrecen y las fiestas que nos organizan constantemente».
Joaquín García, quien está en el hogar desde hace cuatro años, también está orgulloso de vivir en la residencia. «Aquí estoy muy bien. Hay un buen servicio y nos cuidan mucho», subrayó. Por eso, «la familia está muy contenta, y más ahora con la reforma que han hecho».
Muy satisfecha también se mostró Ana Bernardo. «Son seis meses viviendo en esta residencia y estoy encantada», comentó. Sobre la remodelación, remarcó que está «muy bien, igual que la celebración».
Alejandro Fernández también calificó de «estupenda» la nueva imagen de la residencia, en la que convive con su mujer. Igualmente, resaltó la importancia del evento religioso. «Basta que venga el Arzobispo para que me guste», afirmó.
Todos los ancianos pusieron el gran colofón a la jornada festiva en el concierto de órgano de Joaquín Masó i Pallás, que interpretó temas de los clásicos Chaikovski, Wagner y Verdi y se encargó del recital que puso el mejor broche a un día que permanecerá en el recuerdo de los residentes.