María IGLESIAS
En Pinzales ayer la tradición se unió a la modernidad para dar vida a las fiestas en honor de Nuestra Señora del Pilar. Más de medio siglo de historia avala la trayectoria de estos festejos populares, que sólo han sido suspendidos en una ocasión. Ahora, tras el año de «parón», una nueva comisión, formada por gente joven, ha tomado el relevo en la organización de La Pilarica. Manuel Jesús Díaz Ponga, actual responsable de la comisión de festejos, reconoce que las fiestas «significan mucho para nosotros y para el pueblo».
El buen tiempo acompañó a los vecinos de Pinzales, que por primera vez celebraron la misa en honor de Nuestra Señora del Pilar bajo de una carpa instalada en el exterior. «Antes las actividades se realizaban en la sala de baile, pero decidimos crear un sabor de romería», asegura Ponga.
Gracias a subvenciones del Ayuntamiento de Gijón y a ayudas del pueblo y de las parroquias vecinas, Ponga y sus otros nueve asociados desarrollaron un programa festivo «al gusto de todos». De esta forma, a la misa siguieron los bailes populares de mano del grupo «Turruxón». «Consideramos el baile una forma activa de participar en las fiestas que está desarrollando el pueblo», dijo Vanesa del Busto, una de las integrantes, de 16 años.
Por ello, y «tras seis meses de debate acerca de las actividades y de la organización de las fiestas», el resultado «no puede ser mejor», afirma el responsable de la comisión. De la misma opinión que Ponga son los vecinos de Pinzales, como el ex alcalde pedáneo del barrio Alfredo González. «Llevo 47 años residiendo aquí y que la gente joven tome el relevo me parece una idea excepcional para dinamizar las fiestas», asegura González, quien tiene tres hijos y presume «orgulloso», de que «todos residen en Pinzales».
Las buenas comunicaciones del pueblo, como el ferrocarril y la autopista, contribuyeron al aumento de visitantes foráneos a la carpa provisional instalada en el prado de Pinzales. «Además de la gente de toda la vida, también recibimos a personas que vienen de las parroquias vecinas o que cambiaron la ciudad para vivir aquí», relata uno de los componentes de la comisión, Sergio Ibargüen.
Los más veteranos del pueblo consideran que el auge se debe, en parte, «al gran esfuerzo que realizaron los chavales, que ahora son los que luchan por el mantenimiento de esta fiesta que estaba casi acabada», dice Oskar Show, que además de ser vecino fue el responsable de amenizar a sus compadres, hasta bien entrada la noche, con su orquesta «Pasito Show». «De los tres días que actúo sólo cobro uno, además facilito la instalación de sonido para que el cura pueda decir la misa», afirma Show.
Titi, como es conocido en el pueblo, cree que «se debe recuperar el sabor de las antiguas romerías, que son cultura para Asturias». Además, relata cómo fueron desapareciendo las de las parroquias vecinas. «En Pinzales la gente joven todavía lucha por la Pilarica», dice Titi, que cree que, como en cualquier fiesta que se precie, «no puede faltar la gaita».
Con el tiempo a su favor, los residentes de Pinzales participaron de la sesión vermú y de la gran elaboración de callos que tuvo lugar en la carpa. Para hoy, prevén una jornada de juegos infantiles, así como un concurso de tortillas para recuperar fuerzas. Y como dice el responsale: «Que la suerte nos acompañe».