Todos sigue igual en la rotonda La depuradora urbana Soledad Lafuente, presidenta la Asociación de Vecinos de Somió

30.04.2008 | 02:00

Si el suministro de alimentos y cualquier otro tipo de productos de consumo en una ciudad es de importancia capital para sus pobladores, no lo es menos conseguir desprenderse, sin daño, de la enorme masa de deshechos de todo tipo que la actividad humana genera, muy especialmente en la actualidad, pues el progreso económico, consecuencia del científico y técnico adquiridos por las sociedades modernas han permitido un crecimiento exponencial de la producción y del consumo tales que la eliminación de sus voluminosos y nocivos restos se ha convertido en un problema de importante riesgo y difícil solución.


Ahora bien, si la capacidad de producir y consumir parece no tener limites definidos, por el contrario, la de desprenderse sin daño de los desechos del proceso productivo y de los restos de lo consumido, sí está demostrado tenerlos, y muy rígidos. Veamos, el proceso productivo de toda la economía de Occidente persigue dos claras finalidades: vender y tener beneficio.


En consecuencia, cualquier traba que dificulte estas dos finalidades no será voluntariamente asumida por sus gestores, que procurarán por todos los medios, legales o no, evitar distraer recursos o esfuerzos impropios de su autentica finalidad y por contrario obtener, de quienes están facultados para ello, cuantas facilidades les sea posible obtener.


Lo expresado corresponde a la norma que rige para cualquier gestor de empresa comercial o industrial, que deberá procurar en todo momento obtener al más bajo costo el mayor beneficio posible para el ente que le emplea, ordena y paga. Hasta aquí nos hemos referido, exclusivamente a las empresas constituidas como sociedades anónimas o por acciones, es decir las conocidas por S. A., cuyo capital pertenece a numerosos propietarios de nacionalidades muy diversas sin excluir españoles y son las actualmente también denominadas transnacionales al estar ubicadas en varios estados o continentes.


De otra parte existe el sector gubernativo nacional, autonómico o municipal, que habrá de cuidar que la actividad practicada por el sector privado industrial instalado sea compatible con a vida normal de las colectividades próximas a los lugares en que estas industrias soliciten su implantación.


¿Quienes si no los ayuntamientos, autonomías o el propio Gobierno nacional, mediante el correspondiente ministerio estarán obligados a cumplir esta tarea?, ¿han de de ser los mismos ciudadanos en la calle a falta de quienes no solo están facultados para hacerlo si no que también están obligados por normas o leyes? Llegados a este punto cabe decir que la oferta de puestos de trabajo acostumbra ser la contrapartida «señuelo» a la instalación de empresas altamente degradantes del medio o con alto riesgo accidental.


Pero también puede ser incluido en este capítulo el posible soborno económico o similares. Muchas de las empresas que conocemos funcionando lo harían de forma distinta si quienes las sufrimos nos hubiéramos interesado a tiempo y como cosa propia, en conocer y obstaculizar sus formas inadecuadas de gestión, que les han permitido vender y cobrar a buen precio una parte importante de lo que debió ser nuestro bienestar. Es éste un hecho que no es necesario viajar para verlo: lo tenemos en Aboño y quizá pronto en Somió.


Por todo lo dicho, no dudamos que ha llegado el momento de abandonar la nefasta estrategia de tratar de endosarnos unos a otros los detritus urbanos e industriales y, todos a una, Luanco, Candás, Jove , La Calzada, Gijón ciudad y Somió, impedir que el proyecto oficializado y promovido por nuestra primera autoridad sea rechazado rotundamente y que, al mismo tiempo en el muelle en construcción sea reservado espacio suficiente para construir la gran planta depuradora que, se nos dice, Gijón necesita. Ningún otro destino de una parte de ese muelle podrá ser tan útil a los pueblos citados como el que aquí proponemos.


Las empresas dedicadas a la construcción de plantas depuradoras realizan la que se les encarga y donde se les marca, explíquesenos, si no, por que al segundo año de funcionamiento de La Reguerona ya existe un proyecto para realizar su ampliación.


¿Es que lo hicieron mal? Nosotros suponemos que hicieron lo que se les pidió. En Somió entendemos que la primera obligación de nuestra primera autoridad no es resolver de forma inmediata el viejo problema latente tantos años por abandono, pues en la situación actual esto es imposible, sino sentar las bases racionales que conduzcan a una autentica solución de futuro que posibilite que todos los aumentos de vertidos que habrán de producirse en tiempo venidero tengan solución sin traumas ni chapuzas.

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