Y España, ¿qué? Juan Campos Ansó, ex senador del PP La gaita Pedro Rodríguez Cortes

16.05.2008 | 02:00

Es que no lo puedo soportar. Ahora también se va María San Gil? mujer admirable y competente? los buenos se van, los petardos se quedan. Sólo hay algo más peligroso que tener un incompetente dirigiendo un país, es tener dos. Yo comprendo también que las cosas de la Jefatura en los últimos años no van por donde debieran ir, o por donde le gustaría a la gente que hubieran ido? Pero es lo que hay. Es una forma de Estado que está en la Constitución. Pero de ahí a que estemos de acuerdo en cómo funciona? pues corramos un tupido velo? de púrpura y oro, eso sí.


Ante esta tesitura, ¿qué podemos esperar para el futuro de la nación española?... ¡vamos, de la nación antigua, no de la catalana que ya tenemos ahí? Habrá que empezar a preguntarles a Montilla, a Ibarretxe, a Carod-Rovira, a Anxio Quintana? ¿a Rajoy quizás? Porque últimamente, ya no sabe uno qué pensar? Y España ¿qué? ¿Seguimos pensando que es nuestra nación indisoluble? ¿Qué es nuestra patria única? ¿O no es más cierto que vamos por el peor camino que sólo nos conduce a la discordia y a la desigualdad entre regiones? Ya saben: «Hablando se entiende la gente?», frase lapidaria para animar a Zapatero en las negociaciones con los separatistas, con los asesinos de ETA? ¡Ay Pelayín! rey de los astures y de los hispanos? ¿dónde estás? ¡Vuelve, vuelve, que entre todos éstos acaben con nosotros! Se lo juro por mi madre, que con la que está cayendo yo esperaba cualquier cosa? cualquier cosa menos esta obra de pasamanería?


En la pasada centuria algunas modalidades de nuestro folclore atravesaron épocas de esplendor que alternaron con otras de oscurantismo absoluto. Tomando como referencia la lectura de la totalidad de la prensa asturiana del siglo XX, de las revistas asturianas o de las editadas en América por nuestros paisanos, podemos establecer una cronología aproximada del protagonismo de las masas corales, tonada, baile o gaita en la época citada.


1900-1920. En estas dos primeras décadas del siglo XX las masas corales y el gaitero Libardón son los acontecimientos folclóricos más sobresalientes. Los coros asturianos en esta época constituyen un auténtico fenómeno social. Sus actuaciones arrastraban a centenares de aficionados y cuando se trataba de celebrar sus éxitos fuera de nuestra provincia -Vigo, Torrelavega o San Sebastián- los recibimientos en la estación del Norte eran multitudinarios. Los coros más destacados de aquel tiempo eran, sin duda, el asturiano de Gijón y el «Orfeón Ovetense», años más tarde el «Orfeón de Mieres» y la «Coral Vetusta» tendrían igualmente amplio eco en la prensa regional. Ser miembro de un coro otorgaba cierta aureola social. El mecenazgo de marqueses y relevantes profesionales en pro de las masas corales era frecuente dado los cuantiosos gastos que originaban los desplazamientos, alojamientos y restauración; conviene recordar que los coros de principios del XX rebasaban ampliamente la centena de miembros.


Otro gran protagonista de aquel tiempo fue, sin duda, el gaitero Libardón. Su éxito ya venía cimentado en los últimos años del XIX, pero su verdadera eclosión fue a raíz de las giras americanas. A pesar de las dificultades de las comunicaciones, recorrió gran parte de nuestra región y el número estrella de las fiestas patronales de muchos pueblos y villas era Libardón. El gran impacto de Libardón fue su versatilidad folclórica, que lo convertía en un auténtico «showman», recitaba poesías, monólogos, interpretaba tonada o narraba sus historias americanas...


1920-1936. En este tiempo de 1920 a 1936, antes de la guerra civil, las masas corales mantienen su hegemonía en nuestro folclore. De la tonada apenas existen referencias en la prensa regional. Sólo se citan algunos concursos y anuncios de actuaciones en teatros o festivales, quizá Suacu el de Sama sea el intérprete más publicitado, Polenchu, Quin El Pescador, Maragatu o Juanín también aparecen de vez en cuando en los medios de comunicación. La gaita, a pesar de contar con destacados solistas como Manolo Rivas, Margolles o el propio Libardón, no tiene un papel destacado, aunque nunca falta en las romerías. En cuanto al baile regional es casi inexistente la información de aquella época si exceptuamos las colaboraciones de Constantino Cabal analizando las distintas clases de baile, que publicó «Región» en los años veinte, o la participación asturiana en un certamen en Madrid sobre el traje de baile regional en 1925.


El gran acontecimiento de los años veinte en nuestro folclore fue de forma incuestionable la creación del cuarteto «Los Cuatro Ases». Botón y Cuchichi ya actuaban desde 1918 e incluso habían viajado a Cuba, pero sería en 1923 cuando se formaría el cuarteto, compuesto por cuatro voces espléndidas y cuya formación coral ayudó extraordinariamente a su éxito. Durante una docena de años fueron el santo y seña de la canción asturiana. Las prematuras bajas de Botón y Claverol truncaría su intensa carrera artística en escenarios de Madrid, Bilbao y casi toda la América hispana. A principios de los años treinta el dúo de Cue y Santamaría irrumpía con fuerza y recibía el respaldo no sólo de los asturianos. Sus actuaciones en el Norte y Madrid fueron muy aplaudidas.


1940-1980. El largo período de la guerra civil y la posguerra afectaría seriamente a nuestro folclore. Las masas corales fueron las más afectadas, con la desaparición de muchas de ellas o la merma notoria en sus componentes. Noticia positiva fue la refundación del «Coro Santiaguín» en 1947 -se había fundado en 1932-, iniciando así una larga carrera profesional salpicada de éxitos más allá de Pajares. El baile regional contó con el impulso importante de la Sección Femenina del régimen franquista y durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta cobró una importancia notable.


Sería la tonada quien asumiría el protagonismo destacado en el período citado -1940-1980-. La iniciativa del diario «Región» en 1948 de celebrar un certamen tuvo una respuesta masiva, seguirían otras ediciones en 1951 y 1955 con idéntico éxito y participación muy elevada (aunque coincidente en el tiempo se celebró el certamen «Rumbo a la gloria», pero la tonada tuvo un contenido puramente testimonial). Seguirían otras dos ediciones en 1966 y 1971, en las que se percibe claramente un descenso notorio de cantantes. Tomarían el relevo en la organización de certámenes las emisoras Radio Cadena y Radio Nacional en las siguientes décadas. Este largo período de protagonismo de la tonada aportó dos generaciones de intérpretes de excelente calidad.


1980-2000. En estas dos décadas se sigue apreciando un descenso sostenido en las modalidades de baile, tonada y otros. Como hecho más significativo está el «boom» que experimenta la gaita a lo largo de los años ochenta y su aumento imparable en los noventa gracias al extraordinario apoyo del prestigioso Certamen de Folclore «Ciudad de Oviedo», que la incluye como modalidad en todas sus ediciones y de la que han salido figuras de la talla de Hevia, Tejedor, etcétera. Hoy la gaita cuenta con un número elevadísimo de solistas que augura un futuro halagüeño para el instrumento más emblemático de nuestro folclore.

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