Congreso internacional sobre los efectos del cambio climático en los océanos

Losada: «Las playas del Cantábrico en 2050 perderán entre 15 y 20 metros de arena» Los rellenos en la costa fomentan la proliferación de medusas, según los expertos


El nuevo dique de El Musel provocará un giro del arenal de San Lorenzo hacia San Pedro
Científicos de Japón estudian usos comerciales para la especie invasora
El catedrático de Cantabria cree que se perderá espacio para 40.000 bañistas en la playa gijonesa

23.05.2008 | 02:00
Asistentes al congreso, ayer en el recinto ferial de Gijón.
Asistentes al congreso, ayer en el recinto ferial de Gijón.

Las playas del litoral cantábrico perderán una franja de entre 15 y 20 metros en el año 2050, según los datos que maneja la comunidad científica. El catedrático asturiano Íñigo Losada, especialista en la erosión costera, manifestó que las previsiones más optimistas apuntan a un aumento de 12,5 centímetros del nivel del mar en el horizonte de 40 años. Los estuarios del Eo, Villaviciosa y Santoña también se verán gravemente afectados, así como las regiones más turísticas del Sur y del Mediterráneo. Según estos datos la playa de San Lorenzo perdería una superficie aproximada de 40.000 metros. Es la última aportación de los expertos reunidos en el congreso sobre los efectos del cambio climático en los océanos que hoy concluye en Gijón.

C. JIMÉNEZ


Las playas del litoral Cantábrico perderían una franja de arena de entre 15 y 20 metros en el año 2050 como consecuencia de la subida del nivel del mar por efecto del cambio climático: subirá unos 12,5 centímetros en cuarenta años. El asturiano Íñigo Losada, catedrático de la Universidad de Cantabria, miembro del grupo de estudios de hidrodinámica en esta comunidad y especialista en erosión en las zonas costeras, manifestó ayer durante su intervención en el congreso sobre los efectos del cambio climático en los océanos que en el norte de la Península también se dejarán notar los efectos del calentamiento global, aunque llegarán más mitigados que en el Mediterráneo.


Las estimaciones más optimistas de la comunidad científica prevén un aumento medio del nivel del mar de 12,5 centímetros en el horizonte de 40 años, que sumado al previsible incremento del oleaje y de los vientos, puede provocar la desaparición de algunos arenales. Losada señaló que por cada centímetro de aumento del nivel del mar se pierde un metro de playa. Según estas previsiones, la playa de San Lorenzo perdería una superficie aproximada de 40.000 metros cuadrados, el espacio equivalente a 40.000 bañistas.


En todo caso advirtió de que es difícil de determinar con precisión los efectos del cambio climático a largo plazo, pese a que se trata de «una evidencia» y de que los estudios realizados para prever sus efectos son, a juicio del catedrático asturiano, «conservadores».


Prueba de ello, señaló, es el hecho de que este año se han producido en el Norte tres grandes temporales, cuando antes se registraba «uno, como mucho». Los expertos prevén que la capacidad de adaptación de algunas zonas del litoral cantábrico son muy limitadas, principalmente en las playas urbanas, aseguró. Tal es el caso del arenal gijonés, donde se prevé un mayor número de escaleras anuladas en pleamar, y los de Luanco y Candás. «La posibilidades de adaptación de San Lorenzo son limitadas frente a Rodiles u otras playas», subrayó.


La única solución, según Losada, sería regenerar la playa, pero tendría consecuencias. La primera: la necesidad de realizar obras y el coste de las mismas, además del impacto que conlleva sacar la arena. Por este motivo el científico apuntó que habrá que estudiar a fondo qué es lo que se quiere hacer en el futuro. Incidiendo en los efectos sobre San Lorenzo, Íñigo Losada señaló que el nuevo dique de El Musel producirá un giro de la playa hacia la zona de la iglesia de San Pedro, que tendrá una consecuencia positiva, al mitigar parcialmente el efecto del oleaje, que también se prevé más fuerte por efecto del cambio climático. Estos cambios en el arenal no generarán ninguna afección para el disfrute de la playa porque «en la zona del Piles hay arena de sobra», aseguró el catedrático. No obstante, apuntó que las condiciones del nivel del mar y del oleaje «ya no serán las mismas en el año 2050». Por este motivo considera importante que se introduzcan estudios sobre los posibles impactos del cambio climático en los proyectos para las grandes infraestructuras costeras.


Íñigo Losada es uno de los autores del estudio sobre la influencia del cambio climático en el litoral encargado hace tres años por el Ministerio de Medio Ambiente y según el cual las playas del Sur y las rías del Norte (Eo, Villaviciosa y Santoña), con excepción de las gallegas, serán las más sensibles a los efectos del cambio climático, no sólo por las condiciones naturales del lugar sino por las consecuencias socioeconómicas de estos cambios. Igualmente, el delta del Ebro, la Manga del Mar Menor, Huelva y Cádiz se verán afectados de manera notable. La Universidad de Cantabria ya prepara, de acuerdo con la Federación Española de Municipios, un estudio sobre la afección del cambio climático en el litoral cantábrico centrado en Santander y San Sebastián. El Banco Mundial y otras agencias de cooperación ya incorporan los efectos del calentamiento global del planeta en la valoración de las ayudas internacionales.

C. JIMÉNEZ


«La proliferación de medusas se ha convertido ya en un problema internacional». Akihiko Yatsu, miembro del Sekai National Fisheries Research Institute de Japón, achaca a esta especie los problemas en las pesquerías asiáticas. «El contacto entre los tentáculos venenosos de las medusas y el pescado hace que baje la calidad de éste», explica este experto.


El aumento de la temperatura media del agua y de la cantidad de nitratos y fosfatos debidos a la actividad humana que llegan al mar, además de los rellenos realizados para incrementar la masa continental, favorecen según Akihiko Yatsu la reproducción de las medusas, un fenómeno que no es exclusivo del continente asiático sino que se ha observado en los océanos de todo el mundo, afectando a los ecosistemas y al turismo. Desde 1999 las corrientes oceánicas están arrastrando a esta especie invasora desde aguas chinas hacia la costa japonesa.


Yatsu advirtió de que «cuando se construyen nuevas estructuras en la costa se genera un nuevo sustrato para las medusas». Los ejemplares jóvenes encuentran en el hormigón submarino un medio idóneo para aferrarse y continuar su evolución.


Algunas de las especies aparecidas en aquel país llegan a alcanzar un diámetro de un metro y hasta diez kilos de peso. Japón está realizando estudios para dar un uso comercial a alguna de estas medusas y venderlas a los chinos como comida. En aquellas latitudes son muy exigentes con el pescado que consumen y no están dispuestos a pagar los mismos precios por ejemplares que llegan deteriorados como consecuencia de la afección de la población de medusas a la pesca.

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