FRANCISCO GARCÍA
Sorprende que el presidente del Principado salte raudo al ring de la pelea política y se embarque en un intercambio de tortazos con un exiliado del pacto de izquierdas que le sujeta los palos del cuadrilátero regional. Porque Valledor, diputado regional de IU que pidió el jueves la dimisión de Areces por el «Petromocho» de El Musel, no deja de ser, aun con cartel, púgil de segunda fila. El Presidente no debería desabrocharse el lazo del batín y calzarse los guantes para medirse con rivales que no sean de su peso, como marcan las reglas del noble arte del boxeo. Los pesos pesados, que se peguen con los pesados; los medios, que se las vean con los medios; y los moscas, que revoloteen sobre el cielo de la lona. Parece que a Areces le faltó cintura en este envite o le ha fallado el ojo al aguador que le controla la báscula. Respondiendo con un croché al gancho de izquierda de Valledor, el Presidente puede transmitir a la opinión pública temor a que sus socios lo pongan contra las cuerdas.