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El triste final de María Sylvia

«Todo cambió cuando llegó Miguel»

La madre de la mujer asesinada en París dice que su hija «era una chica alegre y entretenida» hasta que apareció en su vida el cocinero gijonés acusado de su muerte

 
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María Sylvia Polydore, con su bebé.
María Sylvia Polydore, con su bebé. le parisien

R. GARCÍA
Una vida segada por una mala decisión, por elegir a la persona equivocada. María Sylvia Polydore, de 40 años de edad, perdió la vida en el mes de septiembre en París de una forma horrenda. El que fuera su pareja sentimental y padre de su único hijo, Hugo, de 7 años, la golpeó brutalmente, como tantas veces antes; la metió en una maleta, donde murió por asfixia, y la enterró bajo una pila de carbón en un sótano oscuro.

La madre de la víctima, Mary, relató al periódico «Le Parisien» la tragedia que había tenido que vivir desde el comienzo de la relación de su primogénita con el gjonés Miguel Ángel C. Q., cocinero de profesión, detenido la pasada semana en su ciudad natal, en el restaurante en el que trabajaba desde principios de julio: «Ella era una chica normal, muy alegre y entretenida, pero todo cambió cuando llegó Miguel», relata. «Todo cambió para ella», repite sin cesar esta mujer, que no encontrará consuelo hasta que dentro de muy pocos días el presunto homicida aterrice en Francia para enfrentarse a la justicia por su horrendo crimen. El momento que llevaba esperando desde que la Policía encontrara el cuerpo sin vida de su hija en octubre del pasado año, encogido dentro de una maleta.

En 1994, Sylvia dio el primer paso hacia una nueva vida. Nacida en Isla Mauricio, la joven había llegado con 25 años a París. Había trabajado anteriormente como camarera en Marsella, pero el sueño de la capital francesa era una llamada irrechazable para una chica que buscaba un futuro mejor. Le habían ofrecido un puesto como conserje en un edificio situado en un barrio «chic» parisino, en la margen izquierda del Sena, y no podía rechazarla. A finales de los 90, se cruzó en su camino el hombre que acabaría con su vida, Miguel Ángel C. Q., gijonés que había emigrado a la capital francesa para trabajar como cocinero. Allí, a escasos metros de donde va a pasar a disposición judicial, continúa viviendo su hermano, Francisco Javier, con el que compartió sus días parisinos.

«La relación de pareja fue mal desde el principio», relata la madre de la víctima. «Él bebía y tenía muchos problemas con ella, porque se peleaban constantemente». Los vecinos eran testigos de las continuas trifulcas domésticas. Uno de ellos vio cómo la mujer, tras una discusión, le pedía que avisara a los Bomberos en plena desesperación. Pero ese episodio de violencia no fue el único. En julio de 2008 la tensión alcanzó su nivel máximo, hasta el punto que María Sylvia Polydore intentó acabar con su vida. Se había separado de Miguel y los Servicios Sociales habían dado a su pequeño Hugo a una familia en acogida. Había problemas en la pareja, pero de puertas a fuera nada hacía sospechar a los vecinos que sobre el edificio que compartían sobrevolaba la tragedia.

Ya en 2009, en el mes de octubre, Mary salta a la actualidad de los medios de comunicación parisinos al denunciar angustiosamente la desaparición de su hija. Hacía semanas que no pasaba por casa, ni la llamaba ni siquiera visitaba a su hijo, el pequeño Hugo. Los vecinos de la chica de la Rue du Cherche-Midi también dieron la voz de alarma. El conserje de una vivienda cercana aseguró a los policías que desde el sótano subía un olor nauseabundo. Allí estaba el cadáver, dentro de una maleta. Descompuesto después de llevar abandonado más de un mes y medio. La vida de Sylvia se había escapado a mediados de septiembre, envuelta en una bolsa de plástico, sepultada bajo una montaña de carbón.

Entonces comenzaron los ruegos: «que encuentren al asesino, que pague el que hizo esto», pedía la madre, desconsolada, en la prensa francesa. Misión cumplida. La colaboración entre la Gendarmería francesa y los agentes del Cuerpo Nacional de Policía de España permitió la detención del responsable, Miguel Ángel C. Q., el pasado martes en un establecimiento hostelero próximo al puerto deportivo gijonés. Hubo dos pistas clave que llevaron hasta el presunto homicida: los restos de ADN encontrados en la cinta adhesiva que rodeaba el cuerpo sin vida de la joven y la declaración del hermano del supuesto asesino y una amiga de ambos, a los que Miguel Ángel C. Q. había confesado su crimen.

Por su parte, Miguel Ángel, nacido en Gijón, previsiblemente abandonó París nada más cometer el crimen. Huía de su responsabilidad criminal. Dejó la capital francesa sin mirar atrás y se refugió en varios lugares de España, según las primeras investigaciones policiales. El verdugo acabó llegando a su ciudad natal, donde empezó a trabajar el 1 de julio en un restaurante en el que le recuerdan como un misógino en toda regla que tenía una clara y evidente «animadversión hacia las mujeres». En varias ocasiones otros trabajadores del establecimiento tuvieron que pararle los pies para que no fuera más allá con las compañeras, a las que despreciaba. Los insultos y las vejaciones por el mero hecho de ser mujeres eran constantes.

El pasado martes, antes de que Miguel Ángel comenzara su jornada laboral en el restaurante donde ejercía como cocinero y repostero, los agentes del Cuerpo Nacional de Policía de la Comisaría de Gijón consiguieron detenerlo. Tan sólo 48 horas más tarde, el preso ya estaba camino del Juzgado de instrucción número 4 de la Audiencia Nacional. Ante el tribunal Miguel Ángel C. Q. se negó a ser extraditado, por lo que la Guardia Civil le trasladó a la cárcel de Soto del Real, donde se encuentra en la actualidad a la espera de que los tribunales decidan, como parece previsible, su extradición.

Miguel Ángel C. Q. tendrá que responder ante los tribunales franceses del crimen cometido en la, para ellos, mal llamada «Ciudad del Amor». Nunca lo fue para María Sylvia, que llegó desde Isla Mauricio a Francia con el afán de labrarse un futuro y encontrar al hombre de su vida y acabó sus días apaleada y dentro de una maleta, oculta bajo carbón en un sótano oscuro.

Sus orígenes

María Sylvia Polydore llegó a Francia en 1994 procedente de Isla Mauricio. En la capital gala trabajaba como portera de un edificio.

Su historia de amor

A finales de los años 90 inicia una relación sentimental con el cocinero gijonés Miguel Ángel C. Q. La relación estaba marcada por la violencia.

El desenlace

A mediados de 2008 la joven intenta quitarse la vida; al final, quien se la arrebató fue su pareja, que dejó su cadáver dentro de una maleta.

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