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«En ser geólogo y hablar idiomas vi los únicos medios para salir de la República Checa y viajar»

«Fue un honor que mi primer destino fuera la Embajada de España, es un país ideal para vivir la Naturaleza»

 
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«En ser geólogo y hablar idiomas vi los únicos medios para salir de la República Checa y viajar»
«En ser geólogo y hablar idiomas vi los únicos medios para salir de la República Checa y viajar»  
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«Soy un diplomático de carrera, pero mi formación es geológica al estar licenciado en Ciencias Naturales. Por lo tanto, no represento al burócrata clásico, ya que me encanta mantener contacto con la Naturaleza. Practico el senderismo, incluso con mi familia. Estoy casado, tengo tres hijos y mi mujer suele decir que mi carácter es bueno. Me gusta mucho el deporte en general, aunque he practicado más el voleibol».

POR CUCA ALONSO martin kosatka Embajador de la República Checa en España

Me habían advertido, «le fascina Asturias», así que junto a mi informador convinimos una cita. No era difícil, ya que Asturias es ruta fija en su solaz. Aquélla se propuso en su hotel, estupendo, Oviedo, cinco estrellas. A la hora convenida pregunté: «¿Ha llegado ya el señor embajador de la República Checa?» La recepcionista consultó sus informes mientras movía la cabeza: «No me consta, en los últimos minutos sólo se han registrado dos chicos». Justo, ellos, el señor embajador y su mecánico. Puro siglo XXI, fuera séquitos, bombos y chisteras, y adentro llaneza, espíritu abierto y cordialidad.

Reímos ambos cuando se lo dije, pero «no lo entiendo, les mostré mi documentación y aquí está, con letras bien gruesas: embajador, junto a la bandera de España». Fallo garrafal, aunque disculpable en parte dado el aspecto juvenil de Martin Kosatka, su supuesto atuendo deportivo de viaje, y su deliciosa sencillez.

Me entregó toda su confianza sin condición alguna. En un castellano perfecto fue respondiendo a cada inquisitoria con toda naturalidad, incluso gracia; Martin Kosatka está dotado de un fino sentido del humor. Delgado -«¿acaso se cuida?» «En absoluto, me alimento muy bien y peso lo mismo que cuando estudiaba Bachiller?»-, guapo, simpático...

Nació en Praga (1965), en la isla Kampa que baña el Moldava -«soy un auténtico praguense bautizado por el río; vine al mundo un 30 de abril, fecha en que se celebra el Día de la Brujas»-. Su padre falleció cuando contaba 4 años y su única hermana es microbióloga, actualmente dedicada a la investigación del cáncer. Tras concluir sus primeros estudios, Martin Kosatka ingresó en la Facultad de Ciencias Naturales.

-¿Ese Día de las Brujas, es una especie de Halloween?

-No, se celebra en memoria de las brujas que quemaron los jesuitas en el siglo XVII. Tras la Guerra de los Ttreinta Años, la familia Habsburgo recuperó el poder, y en su afán de que volviera el catolicismo al país trajeron a los jesuitas, que en realidad fueron muy activos. Además de actuar contra los supuestos enemigos de la Iglesia, lograron que se construyeran preciosas iglesias barrocas. Siglos más tarde, al llegar la industrialización, se fue perdiendo el catolicismo; el checo es escéptico por naturaleza.

-¿El comunismo no fue otro impedimento religioso?

-Por supuesto. En los años cincuenta los comunistas enviaban a la cárcel a los sacerdotes, a todos los que identificaban como católicos. Incluso encarcelaron a todo el equipo de hockey hierba, no por religiosos, sino porque los acusaron de estar planificando su huida al Oeste. Uno de mis tíos fue condenado a 24 años de cárcel por ayudar a gente que huía; cumplió trece trabajando en las minas de uranio, y cuando salió, su hijo de 2 años tenía 15; había perdido su infancia y los mejores años de su vida.

-Se advierte el orgullo que siente usted por Praga, una de las ciudades más bellas de Europa...

-Sí, de centro Europa, no de Europa del Este como se repite con frecuencia. En parte, la conservación de Praga también se debe a los Habsburgo, que al crear el Imperio austro-húngaro trasladaron la capital a Viena. De este modo Praga fue quedando relegada a una ciudad de provincias y pudo mantener su carácter; no perdió su encanto ni los magníficos edificios que posee. Ni siquiera se destruyó la ciudad judía; el cementerio judío es impresionante, uno de los más célebres del mundo, así como su sinagoga, la Antigua-Nueva, que procede del siglo XIII.

-Dígame: ¿cómo es posible que un geólogo acceda al cuerpo diplomático?

-Durante la época comunista en Checoslovaquia no había Escuela Diplomática; ésta estaba en Moscú y, para ingresar en ella, era indispensable ser miembro del Partido Comunista. Al caer el régimen, en 1989, se promulgó una ley que prohibía a toda persona que hubiera colaborado con la Policía secreta comunista trabajar en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Así, en los años noventa se fueron muchos diplomáticos y el Gobierno tuvo que echar mano de jóvenes licenciados con idiomas.

-¿Es su caso?

-Sí, en ser geólogo y hablar idiomas vi los únicos medios para poder salir del país y viajar. Hasta entonces mis únicos desplazamientos, junto a mi madre, habían sido a los países comunistas: Polonia, Hungría, Yugoslavia, Alemania del Este, Rusia... Con mi formación académica yo hubiera podido trabajar en Cuba o en Mongolia... Por fortuna, todo cambió.

-¿Todos encantados?

-Por supuesto, yo he sido un chico con el espíritu de aquella «Primavera de Praga», del sesenta y ocho, y en mi familia nadie había pertenecido al Partido Comunista, excepto un hermano de mi abuela, militar, que durante la II Guerra Mundial luchó en varios frentes hasta alcanzar el grado de general en la Unión Soviética. Al final no le fueron bien las cosas y acabó regresando a su tierra.

-Bien, no deja de ser sorprendente, un geólogo embajador en España...

-Admito que pueda ser raro en países de tradición diplomática, pero nosotros sufrimos muchos cambios. Mi ventaja es que hablaba ruso, inglés y castellano.

-¿Qué le indujo a estudiar castellano?

-En la Facultad de Ciencias, sabiendo ya ruso e inglés tuve la posibilidad de aprender francés o castellano; elegí éste, me parecía más fácil y acorde con mi futuro trabajo de geólogo. Terminé la carrera en 1988, hice un año de servicio militar en Moravia, y luego tres años de doctorado, comparable al Ph.D americano. Ya se estaban produciendo los grandes cambios. Un día, al hacer una gestión en el Ministerio de Industria, tropecé con un funcionario muy desagradable. Le comenté a mi novia cómo era posible que aquel individuo trabajara allí. «Lee el periódico, verás que todos los días piden personal para los ministerios...» Lo hice, y poco después encontré una solicitud del Ministerio de Asuntos Exteriores; decidí probar.

-Se supone que los exámenes no eran fáciles...

-Al contrario, muy difíciles, repartidos en tres pruebas. Se exigía inteligencia, amplia cultura general, conocimientos de política exterior, tres idiomas... Muy pocos pasaron al segundo examen, y menos aún al tercero. Yo lo conseguí y ahí comenzó mi formación diplomática, alternada con trabajo. Cuatro meses en la República de Sudáfrica como observador de las primeras elecciones democráticas, otros dos meses en Nueva York, sentado en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas como representante de Chequia... Esto fue lo mejor para mi formación, pese a hacer cursos en Canadá y Alemania. Desde 1994 soy diplomático de carrera. He trabajado en la ONU como director de departamento, luego durante cuatro años fui número 2 en la Embajada de Ottawa. De nuevo en Praga asumí la dirección del departamento de Política de Seguridad, he sido director político...

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«En los años cincuenta los comunistas enviaban a la cárcel a los sacerdotes y a todos a los que identificaban como católicos»

«Yo he sido un chico con el espíritu de aquella "Primavera de Praga" de 1968; en mi familia nadie había pertenecido al Partido Comunista»

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