LUIS MIGUEL PIÑERA PILAR FERNÁNDEZ PARDO PILAR FERNÁNDEZ PARDO
Uno de los aspectos más destacados en la trayectoria vital de Jovellanos ha sido cómo supo enlazar la visión universal de las cuestiones de su tiempo con su desvelo por todo lo que afectase tanto a su Gijón natal como a Asturias, se tratara de la cultura, la historia y el arte, la agricultura, la industria y las comunicaciones con la meseta. Todo aquello que afectase a la realidad asturiana despertaba su interés y fue tratado por el polígrafo gijonés con una profundidad en los análisis y en las propuestas, que todavía hoy puede ser considerada orientadora.
Su villa natal, Gijón, siempre se halló en el centro de sus prioridades, y ello sin caer en un enfoque localista, pues una idea integral y amplia de los problemas fue constante en su pensamiento. Su vasta formación literaria, jurídica, artística, histórica y filosófica le convirtió en un gran humanista que buscaba, con afán, la prosperidad y el bienestar de su entorno. Una aspiración ésta que chocaba con los prejuicios y mediocridad de gran parte del entramado político de la época. En el camino de conseguir ese progreso Jovellanos creó en 1794, en Gijón, un Instituto de Náutica y Mineralogía que encauzase la formación científica y técnica de dos bases de la economía gijonesa y asturiana, la mina y el mar. Gijón se convertiría así en adelantado de las nuevas tendencias universitarias, en un modelo de armonización de las Ciencias Tecnológicas y de las Humanidades. Pocos años después concebiría la creación de una Academia Asturiana que tendría como función el estudio de la historia y de la lengua asturiana, y elaboraría 200 fichas del léxico del asturiano.
El pragmatismo de Jovellanos vio en las comunicaciones la vía imprescindible para crear los cimientos de una economía sólida. La carretera de Castilla, el puerto de Gijón y una carretera que uniese su villa natal con las cuencas mineras, iban a ser una obsesión para el ilustrado. La promoción de la carretera hacia la meseta iba a provocarle no pocos sinsabores. El puerto, que para él representaba un elemento primordial para la generación de riqueza, le llevó a esmerarse en demostrar a las más altas instancias del poder central que Gijón era, sin lugar a dudas, el sitio más idóneo para dirigir la ruta de los transportes con la meseta. Igualmente, los productos de ultramar podrían encauzarse por el puerto y abastecer el mercado central una vez se terminase la carretera con Castilla. A su vez, los productos castellanos utilizarían el puerto gijonés para su exportación. Otro de los objetivos de Jovellanos iba a ser que este puerto tuviera iguales privilegios que los de Santander y Bilbao.
En sus anotaciones diarias siempre se mostraba sensible a todo aquello que pudiese favorecer el bienestar de la gente, que permitiese al hombre una existencia en libertad para desarrollar sus capacidades. Jovellanos mantuvo sus inquietudes a favor de estos logros al margen de los favoritismos palaciegos o de las mentalidades pueblerinas. Nunca entendió los localismos que empequeñecen ni las rivalidades primarias que imposibilitan la buena gestión de los asuntos públicos. Jovellanos siempre colocó a la razón y al interés general por encima de las vanidades o los sentimientos vanos. Esa fue su norma en el quehacer diario durante toda su vida, lo que muchas veces originó que sus enemigos quisieran empañar su ejecutoria.
Jovelllanos se preocupó como nadie de mejorar lo que entonces era la pequeña villa de Gijón y a una Asturias olvidada por el poder central. Vivió sintiendo a su tierra profundamente, sin complejos, con una abnegación y entrega que suponen un ejemplo para los asturianos de nuestros días. Tal como ayer, la educación y las comunicaciones son las grandes carencias de Asturias, y su mejora ha de ser propósito preferente para todos. Jovellanos defendió con constancia y vehemencia patriótica los intereses de su villa natal y los del Principado. Que nosotros siguiéramos su ejemplo sería el mejor homenaje para tan ilustre hijo de Gijón.
Pilar Fernández Pardoes Presidenta del Partido Popular de Gijón y diputada nacional por Asturias
En la «Gaceta de Madrid», en la «Gaceta de la Regencia de Españas e Indias» y en la «Gaceta de las Regencias de las Españas» -de alguna manera predecesoras del «Boletín Oficial del Estado» (BOE), como la «Gazeta de Oviedo» lo fue del «Boletín Oficial del Principado de Asturias» (BOPA)- aparecen numerosas referencias a Gaspar Melchor de Jovellanos (Gijón, 1744-Puerto de Vega, 1811). Algunas de ellas antes de su muerte y otras, más numerosas, una vez fallecido el gijonés. Elegimos tres únicamente como muestra. La primera, cuando Jovellanos tenía cuarenta y tres años y el rey Carlos III lo nombra presidente de la Junta de Suscriptores de la Compañía de Seguros Terrestres y Marítimos. La segunda nos da cuenta de la muerte de Jovellanos. Se publica la noticia tres semanas después de ocurrir, no casualmente, vía Cádiz y considerando erróneamente a Puerto de Vega como un «pequeño puerto de Galicia». Y en la última noticia, en la «Gaceta de las Regencias de las Españas», asistimos al inicio de lo que fue la publicación de sus obras. No habían pasado ni tres años desde aquel 28 de noviembre de 1811.
1. Habiéndose verificado ya la suscripción de más de 600 acciones para la nueva compañía de seguros terrestres y marítimos que con Real aprobación se trata de establecer en esta Corte, conforme al plan publicado en el suplemento a la Gaceta de 7 de julio del año anterior, ha nombrado S. M. por Real Orden del 14 de septiembre al Sr. Don Gaspar Melchor de Jovellanos, de su Consejo de las Órdenes, para presidir la primera junta general de suscriptores. En consecuencia se ha señalado para celebrarla el día 22 del corriente mes a las 9 de la mañana en la sala del archivo de Temporalidades, que está en la Casa de San Isidro de esta Corte; y se da este aviso a los suscriptores para que por sí o sus apoderados puedan concurrir a ella a tratar de la formación de ordenanzas y demás objetos relativos a arreglo de este establecimiento, para implorar la última aprobación de S. M. «Gaceta de Madrid», 16 de octubre de 1787.
2. Cádiz, 16 de diciembre. Algunas cartas anuncian la sensible muerte del señor D. Gaspar de Jovellanos. Después de haber sufrido un fuerte temporal en una barquichuela, donde se metió huyendo de la ferocidad de los franceses en la última invasión de Asturias, falleció a los pocos días de haber desembarcado en Vega, pequeño puerto de Galicia, el 29 del mes pasado. Toda la nación llorará tan dolorosa pérdida, y en particular el Principado de Asturias, a cuya prosperidad consagraba los restos de una salud quebrantada por la edad y por los trabajos sufridos en servicio de la patria. «Gaceta de la Regencia de España e Indias», 17 de diciembre de 1811.
3. Algunos amigos del ilustre, sabio y benemérito de la patria D. Gaspar de Jovellanos, deseosos de contribuir a las honras que merece por sus vastos conocimientos en ciencias y arte, literatura, buen gusto y celo ardiente, en comunicarlos a juventud estudiosa, por el heroísmo con que sufrido la más dura e injusta persecución y encierro, por el desvelo con que ordenó la voz de la nación para conseguir su libertad, y por las amarguras, naufragios y desgracias que padeció después hasta su infausta muerte, determinaron imprimir por suscripción las Memorias para la Vida del Excelentísimo Sr. D. Gaspar Melchor de Jovellanos, y noticias analíticas de sus obras, por don Juan Agustín Cean Bermúdez: un tomo de 8.º marquilla, compuesto por más de 400 páginas de buen papel y con la misma forma y carácter que el prospecto, que se entregará gratis en Madrid en la librería de Quiroga, calle de las Carretas, debajo de la fonda de Ángel, a los que suscriban en ella a esta obra por el precio de 12 reales a la rústica; la que después de impresa se venderá a 16 a los que no se hayan suscrito. «Gaceta de las Regencias de las Españas», 10 de febrero de 1814.
Uno de los aspectos más destacados en la trayectoria vital de Jovellanos ha sido cómo supo enlazar la visión universal de las cuestiones de su tiempo con su desvelo por todo lo que afectase tanto a su Gijón natal como a Asturias, se tratara de la cultura, la historia y el arte, la agricultura, la industria y las comunicaciones con la meseta. Todo aquello que afectase a la realidad asturiana despertaba su interés y fue tratado por el polígrafo gijonés con una profundidad en los análisis y en las propuestas, que todavía hoy puede ser considerada orientadora.
Su villa natal, Gijón, siempre se halló en el centro de sus prioridades, y ello sin caer en un enfoque localista, pues una idea integral y amplia de los problemas fue constante en su pensamiento. Su vasta formación literaria, jurídica, artística, histórica y filosófica le convirtió en un gran humanista que buscaba, con afán, la prosperidad y el bienestar de su entorno. Una aspiración ésta que chocaba con los prejuicios y mediocridad de gran parte del entramado político de la época. En el camino de conseguir ese progreso Jovellanos creó en 1794, en Gijón, un Instituto de Náutica y Mineralogía que encauzase la formación científica y técnica de dos bases de la economía gijonesa y asturiana, la mina y el mar. Gijón se convertiría así en adelantado de las nuevas tendencias universitarias, en un modelo de armonización de las Ciencias Tecnológicas y de las Humanidades. Pocos años después concebiría la creación de una Academia Asturiana que tendría como función el estudio de la historia y de la lengua asturiana, y elaboraría 200 fichas del léxico del asturiano.
El pragmatismo de Jovellanos vio en las comunicaciones la vía imprescindible para crear los cimientos de una economía sólida. La carretera de Castilla, el puerto de Gijón y una carretera que uniese su villa natal con las cuencas mineras, iban a ser una obsesión para el ilustrado. La promoción de la carretera hacia la meseta iba a provocarle no pocos sinsabores. El puerto, que para él representaba un elemento primordial para la generación de riqueza, le llevó a esmerarse en demostrar a las más altas instancias del poder central que Gijón era, sin lugar a dudas, el sitio más idóneo para dirigir la ruta de los transportes con la meseta. Igualmente, los productos de ultramar podrían encauzarse por el puerto y abastecer el mercado central una vez se terminase la carretera con Castilla. A su vez, los productos castellanos utilizarían el puerto gijonés para su exportación. Otro de los objetivos de Jovellanos iba a ser que este puerto tuviera iguales privilegios que los de Santander y Bilbao.
En sus anotaciones diarias siempre se mostraba sensible a todo aquello que pudiese favorecer el bienestar de la gente, que permitiese al hombre una existencia en libertad para desarrollar sus capacidades. Jovellanos mantuvo sus inquietudes a favor de estos logros al margen de los favoritismos palaciegos o de las mentalidades pueblerinas. Nunca entendió los localismos que empequeñecen ni las rivalidades primarias que imposibilitan la buena gestión de los asuntos públicos. Jovellanos siempre colocó a la razón y al interés general por encima de las vanidades o los sentimientos vanos. Esa fue su norma en el quehacer diario durante toda su vida, lo que muchas veces originó que sus enemigos quisieran empañar su ejecutoria.
Jovelllanos se preocupó como nadie de mejorar lo que entonces era la pequeña villa de Gijón y a una Asturias olvidada por el poder central. Vivió sintiendo a su tierra profundamente, sin complejos, con una abnegación y entrega que suponen un ejemplo para los asturianos de nuestros días. Tal como ayer, la educación y las comunicaciones son las grandes carencias de Asturias, y su mejora ha de ser propósito preferente para todos. Jovellanos defendió con constancia y vehemencia patriótica los intereses de su villa natal y los del Principado. Que nosotros siguiéramos su ejemplo sería el mejor homenaje para tan ilustre hijo de Gijón.
Pilar Fernández Pardoes Presidenta del Partido Popular de Gijón y diputada nacional por Asturias