J. C. GEA
La rotonda en la que confluyen la avenida de Justo del Castillo y Quintana y la calle Albert Einstein es una de las principales vías de acceso a Gijón y un nudo vial estratégico para acceder a un gran número de enclaves deportivos, de ocio y universitario de la ciudad. Por eso, instalar una escultura de 22 metros de altura en el centro de su círculo es tanto como erigir un gran saludo de bienvenida. El escultor, pintor y grabador Francisco Fresno (Villaviciosa, 1954) es quien ha determinado la forma y dimensiones de ese monumental saludo: una pieza de acero cortén que, bajo el poético título «Hacia la luz», quedará instalada en la rotonda a finales de este año, coincidiendo con la finalización de la avenida de la Pecuaria, otro de los viales que confluirán en el nudo, uniendo la zona con la parroquia de Cabueñes.
La escultura, que toma su título de las memorias de la escritora y feminista norteamericana Hellen Keller, se presentó ayer en el salón de recepciones del Ayuntamiento de Gijón, en un acto presidido por la alcaldesa de la ciudad, en el que también estuvieron presentes los concejales de Urbanismo, Cultura y Medio Ambiente. «Será un hito muy hermoso de entrada en la ciudad», anticipó Paz Fernández Felgueroso, que elogió la «belleza» de una pieza que costará al municipio 170.000 euros más IVA, incluidas su producción y su instalación.
«Toda pieza de arte público ha de ser pensada en función de su entorno, las posibilidades de percepción, los espacios, los recorridos y, en este caso, incluso el tiempo, ya que su visión estará condicionada sobre todo a la visión desde el automóvil», comentó Francisco Fresno, autor de otro de los hitos de la estatuaria pública local, la «Torre de la memoria» que preside el parque de Moreda. Para Fresno, la gran estructura con forma de cuña -que asciende «con un espíritu gótico, dejando pasar la luz a su través» y transformando el macizo en contacto con el suelo en un progresivo aligeramiento de su materia y su volumen- eleva una metáfora de la misma evolución que sufrió Hellen Keller, sordomuda y ciega desde los 15 meses de edad. «La escultura representa la comunicación de lo interno, que emerge desde el suelo, a lo exterior, lo luminoso», explicó el autor, para quien intervenir este espacio ha tenido además un fuerte componente «personal y emotivo», por cuanto es vecino de esa zona desde los 11 años de edad.