El jesuita Pedro Miguel Lamet, tras su paso por «Vida Nueva» y «Diario 16», tuvo que colgar los trastos periodísticos presionado por Roma en la época del Papa Wojtyla.
Hace poco presentó aquí, en Gijón, un libro sobre Arrupe y tuve oportunidad de compartir con él mesa y mantel; fue muy grata la sobremesa analizando luces y sombras de nuestra Iglesia santa y pecadora. Acabo de leer una entrevista que le hacen en «Religión Digital» y recojo algunas de sus manifestaciones, que me llegan y comparto plenamente.
Iglesia actual. Rahner decía que si el siglo XX ha sido el siglo del hombre, el siglo XXI será el siglo de Dios y de la mística. Lamet cree que la resurrección de la mística se esta dando en la gente. Hay búsqueda de caminos de oración y meditación. La jerarquía, sin embargo, esta encorsetada, condenando demasiado. No tanto el Papa como la jerarquía española. El Papa, en su última encíclica ha estado muy positivo y muestra una vena mística importante. Pero la jerarquía española -y esto duele- da poca mística, alimenta poco espiritualmente a la gente. No la mima, no la hace crecer, no le alegra la vida. Y ésa es una de las dimensiones claras del evangelio.
De Benedicto XVI dice que no lo ha defraudado, porque no esperaba más de lo que está dando. Solo esperaba respirar un poco después de Juan Pablo II desde el punto de vista informativo, de censura, y la situación general se ha abierto un poco desde el punto de vista de la opinión. Un dato muy significativo es que cuando escribió su libro sobre Jesús dijese que no era doctrina pontificia. Juan Pablo II hacía lo contrario con cada cosa que decía. Hasta llegó a asegurar que Polonia había sido elegida por Dios para cristianizar Europa. Evidentemente, Ratzinger es un conservador, incluso esta encíclica es muy abierta y tolerante, pero es deductiva. Va de los principios a los hechos. Le falta un poco esta dimensión de un hombre abierto y progresista como Martini. Aun así, cambió el chip de aquel prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y se hizo un hombre bastante más cercano y un Papa de todos.
Iglesia de España. La Iglesia española ha hecho una propuesta unilateral y excesiva en la línea del PP. Y esto le hace daño. No se puede optar, como hizo la Cope, por una postura concreta, con la consiguiente marginación de los cristianos progresistas o de izquierdas, por ejemplo. Eso atenta contra el pluralismo eclesial. Los partidos de la derecha fomentan la familia, y los de la izquierda, la doctrina social. Además, a la cúpula eclesial de la Conferencia Episcopal le falta gracia, le falta alegría, le falta sensación de estar evangelizando. Parecen pepitos grillos que están continuamente dándole palos a la gente. Y, claro, la gente joven eso no lo acepta y se siente lejos. Por eso, los que estamos un poco en la frontera tenemos que hacer un esfuerzo para decir que no, que la Iglesia es algo más, que hay aspectos positivos, que la Iglesia también bendice el amor, que ama el cuerpo, que ama la lucha por los derechos humanos y por las cuestiones sociales. Dejar de ser únicamente la Iglesia del no. Roma está a la izquierda de Rouco. La elección a la presidencia de la Conferencia Episcopal cayó por pocos votos en Rouco, y eso es reflejo del ambiente que hay. Pero yo creo que hay que juzgar también a la Iglesia por las diócesis concretas. Hay obispos muy humanos y párrocos totalmente entregados, que siguen dando una buena imagen eclesial.
Añora Lamet la época de Tarancón y a la mayoría de obispos de la época de Pablo VI. El Papa Montini creó una serie de obispos inteligentes, bien preparados y que tenían una actitud de diálogo ante el mundo. Esa actitud de diálogo ante el mundo se ha perdido. Juan Pablo II buscó obispos piadosos pero conservadores.
Iglesia, PSOE y PP. El PSOE no debe doblegarse ante la Iglesia, debe legislar para todos, católicos o no. Pero sí se le nota (y eso no es inteligente por su parte) un cierto laicismo militante. Por ejemplo, ahora se va a aprobar una nueva ley de libertad Religiosa, que se mete en el tema de la conciencia, lo cual sería un fallo notable.
Pero tampoco existe una verdadera química entre el PP y la Iglesia católica. El PP ha ido a lo suyo. Hay unos intereses que se han barajado como comunes, pero que no hacen ningún bien a la Iglesia.
Rouco apostó claramente por el PP y el alineamiento político de la Iglesia, sobre todo en la Cope, no les ha hecho bien a la Iglesia ni a su pastoral. Y nadie pide que la Iglesia se alinee con la izquierda, sino que sea una Iglesia de todos y que la Cope sea una radio de todos. Cuando el P. Lamet trabajaba en la Cope entraban en los programas, de forma especial, los temas sociales, los pobres, los marginados. Y eso, ahora, se ve menos.
¡Gracias, Pedro, por tu sinceridad y libertad evangélica; me hace mucho bien!