POR CUCA ALONSO
La discreción de Vicente Figaredo está relacionada de modo indirecto con su bondad e inteligencia, así que todas las personas que han tenido oportunidad de tratarlo lo admiran y lo estiman. En realidad es un personaje muy querido en Gijón. Cordial, culto y en extremo sensible, cierra con sus palabras la nómina de «Grandes de Semana Grande».
-¿Cómo se definiría?
-Como un gijonés, músico e ingeniero de minas. Este orden es el mismo de mis pasiones. Aunque en la profesión de ingeniero mi actividad se ha dirigido más al mundo del petróleo, tanto en explotaciones -en el mar de Tarragona descubrimos un yacimiento- como en la comercialización. De los 17 sondeos realizados en España, quince se han hecho en el mar, y dos en tierra asturiana con resultado negativo.
-Cada verano lo veo nadar. ¿Sabe hacerlo entre dos aguas?
-Sí; y si no supiera, estaría perdido. En el mundo de los negocios es imprescindible tener esa habilidad.
-¿A usted qué le estimula, o como de dice hoy, qué le pone?
-La familia, los amigos, la música y el deporte en general. He practicado de todo; soy piloto de vuelo sin motor, de coches de rallies, y jugué al fútbol con los veteranos del Real Madrid durante doce años.
-Si le digo que hablemos a calzón quitado, ¿qué deduce?
-Que debemos cantar verdades y, en consecuencia, digo que estoy hasta el forro de la clase política en general, con honrosas excepciones; no en vano Rodrigo Rato es un primo carnal muy querido para mí.
-¿Qué es lo más fuerte o sabroso que ha escuchado detrás de una puerta?
-No suelo, no soy nada cotilla y sospecho que cuando una puerta está cerrada lo que se dirime dentro debe ser secreto.
-¿Dónde radica su poder de atractivo?
-En la música y también en la conversación. A Cristina la conocí cantando en un concierto de mi grupo, «Robin Hood».
-¿Su reino por un «disco de oro»? Ricardo III sólo quería un caballo...
-Mi reino por un gran concierto en Gijón.
-¿Quién es su estrella musical?
-Fundamentalmente Elvis Presley y los «Beatles», aunque hay muchos más músicos con enorme talento.
-¿Y su vocalista femenina?
-Barbra Streisand. También la madre de Whitney Houston, que era una de las cantantes que acompañaban a Elvis; su conjunto se llamaba «Sweet Inspiration». Y Alison, una amiga mía impresionante, a su vez del coro de Elvis.
-¿Ha ganado dinero con la música?
-No, pero satisfacciones, aplausos y reconocimiento del público, sí. La música nunca ha sido mi modus vivendi, ni el de ninguno de los cuatro que formamos el grupo. Tengo el placer y el honor de contar en él con grandes músicos, como Joaquín Torres, de «Los Pasos», que es guitarra solista; Javier Navarro, bajo, de «Almas Humildes», y Guillermo Polo, batería, de «Los Diablos Rojos». Yo soy el vocalista. Futuro no tenemos mucho, pero pasado, todo.
-¿Qué hace antes de acostarse, tomar una pastilla, oír una nana, o darle un beso a la Santina?
-Sólo intento desconectar los pensamientos.
-¿Qué le pediría al diablo a cambio del alma?
-Nada, no trato con él; bastante tengo con los diablos sociales de mi alrededor.
-¿Y a la lámpara de Aladino, que exige menos?
-Buena vida para todos los niños del planeta. He visto países del Tercer Mundo y algunas escenas son completamente intolerables para una persona con sentimientos. En el terreno de la frivolidad le pediría que el Sporting jugara la Copa de Europa.
-¿Le preocupa que los ricos no pasen por el ojo de la aguja?
-Hombre, todo depende del modo como se haya adquirido esa riqueza. En mi caso no me quita el sueño porque no soy rico.
-Jesús Gil decía que en caso de verse solo en Nueva York, sin nada, hasta desnudo y sin hablar inglés, esa noche cenaría, ¿y usted?
-Me ocurrió en Japón, que hablando cuatro idiomas -inglés, francés y alemán- era incapaz de que me entendieran en ninguno. Ni siquiera el taxista. Menos mal que llevaba una tarjeta, Maranouchi Hotel, escrita en japonés, y conseguí llegar a ni alojamiento, y cenar.
-¿En qué época de su vida echaría el ancla?
-En el próximo futuro. Los americanos dicen que ya es muy tarde para arreglar el pasado y que es más interesante dirigir el trabajo hacia el futuro.
-¿Demasiada vorágine en las fiestas de Begoña?
-No, no me agobian, siempre he tenido mucha marcha. Participo en todo lo que puedo en honor de la patrona.
Vicente Figaredo Pérez / Ingeniero de minas y músico