FRANCISCO GARCÍA
Lo primero que llama la atención al regresar a Asturias -y a Gijón- una década después es que los que mandan son los mismos que el siglo pasado: Areces, Lastra, Gabino, Ovidio, Iglesias, Churruca, Trevín, Migoya? Largo es el etcétera. Y en el arenal gijonés, la incombustible Paz Fernández Felgueroso. A la Alcaldesa la conocí siendo consejera de Industria, durante la visita a una mina de Reocín, en Cantabria, de la que era entonces propietaria Asturiana de Zinc. Las minas cierran, pero Paz sigue. En esta región es harto complicado que a un político le muevan la silla. Y ocurre así desde la época de los romanos, cuando Asturias era Astúrica; Gijón, Gigia, y los soldados de Roma se daban baños de gloria en las termas del Campo Valdés. A nadie extrañe, pues, que haya aparecido, en las excavaciones arqueológicas previas a las obras en la antigua fábrica tabaquera, una silla de madera tallada, con reposabrazos y respaldo, que nadie ha movido de sitio desde el siglo V.