FRANCISCO GARCÍA
Que los políticos congelen sus sueldos en época de crisis no supone consuelo para aquellos ciudadanos a los que la coyuntura económica desfavorable les ha puesto a hacer cola a la puerta del Inem o a reclamar, como agua de mayo en la penuria agosteña, los cuatrocientos y pico euros del último dislate del Gobierno. Mejor ejemplo solidario sería que rebajasen su soldada o que eliminaran, mientras duran las vacas flacas, gastos suntuosos y cuchipandas. En épocas de grave recesión como la que se nos ha venido encima y que no escampa, el compromiso de quienes nos gobiernan es dar soluciones prácticas a los problemas y dejarse de operaciones de maquillaje y lencería. Lo que tiene que hacer un Gobierno -estatal, autonómico o municipal- es actuar en su ámbito, con propuestas que reactiven la economía y creen empleo. No se le exigirá lo mismo a un ministro que a un concejal, pero sí a ambos más consistencia que congelarse el sueldo, decisión que a la mayoría nos deja fríos.