POR JAVIER MORÁN
El verano comenzaba, más o menos, con un embate del ex ministro Francisco Álvarez-Cascos contra el descalabro presupuestario de la ampliación del puerto de Gijón: «Espero que los asturianos pidan cuentas por la tropelía de El Musel». Y el estío está terminando bajo los ecos de similar empellón, aunque más suave, por parte de José Blanco, hoy titular de Fomento: «Hay un sobrecoste, así que hubo una mala previsión, un plan de financiación inadecuado».
La canícula ha traído también, si no otro paralelismo, sí un cruce de vías entre ministro y ex ministro. A Blanco podría corresponderle el honor de haber despertado la vena política durmiente de Cascos o, al menos, de haber propiciado la coartada para ello. Las especificaciones ferroviarias de la variante de Pajares dadas a conocer por el socialista han montado el basilisco. Con sus tres raíles para tráfico mixto -pasajeros y mercancías-, la Variante ha sido «prostituida», sentenció Cascos. El tiempo dirá si el ex ministro gijonés vuelve a la política en las elecciones autonómicas de 2011, pero si lo hace, los anales tendrán que recoger la inesperada contribución de Blanco.
Así pues, vías paralelas y vías cruzadas parecen discurrir bajo los talones del asturiano y del gallego, pero vamos a fijarnos en algunos paralelismos significativos de ambos, acaecidos, sobre todo, en las primeras semanas ministeriales de Blanco. El tirón de la tierra natal y el reparto de mejoras en infraestructuras parece identificarlos, salvadas las distancias del estilo y experiencia política de cada cual.
En efecto, sobre Cascos se vierten opiniones contradictorias, pero hubo decisiones suyas mayoritariamente reconocidas por los asturianos. Por ejemplo, los gijoneses celebraron la conexión por autovía con Villaviciosa, que Cascos impuso (siendo vicepresidente, en 1996) por encima del trazado antes previsto, de carretera covencional. La conclusión mediante autovía de Onzonilla-Benavente produjo similar regocijo en la región -también en León-, y más aún el hecho de que el proyecto de la variante de Pajares, tan esperado, quedara al término de su mandato adjudicado de modo irreversible (especialmente, el túnel principal). Puede que la política debiera ser exclusivamente asunto objetivo, pero la tierra tira. El aliento de los coterráneos se siente en la nunca durante cada visita al terruño. Eso fue lo que le pasó a Cascos, según relató él mismo, un día en el que un gijonés se le acercó y le dijo: «Ministro, van tabicanos la playa». El tabique era el proyecto 3C de ampliación de El Musel, mediante un dique de 5 kilómetros que casi cerraba el horizonte del arenal gijonés. A las pocas semanas el Ministro pegó un golpe de timón desde Madrid, anuló el proyecto 3C y sometió a información otras alternativas, entre la que se contaba la que hoy se construye, con la mitad de longitud.
José Blanco (de Palas de Rei, Lugo) ha hecho ya cosas similares en su Galicia del alma. Nada más llegar al Ministerio mandó rectificar o completar la Alta Velocidad gallega: eje atlántico en ancho internacional, nuevo trazado entre Lubián (Zamora) y Orense, AVE entre todas las ciudades gallegas, etcétera. Si se cumple el diseño dejado por Blanco, Galicia dispondrá en pocos años de un sistema ferroviario cojonudo (cuestión que, además, nos parece de justicia, después de haber sido la región española más atrasada en términos treneros). Por darle, Blanco le ha dado a su tierra hasta un calendario preciso, el de «O Obradoiro», con todos los plazos e inversiones del AVE.
Eso sí, no ha hecho lo mismo con Asturias: el diseño que ha propuesto para la Variante y Lena-Gijón no permite un AVE como el de las demás regiones. Además, su ejecución es imprecisa en ritmo y plazos. En el lado contrario, Blanco, como en su día Cascos, va dejando satisfechas a otras regiones: eje ferroviario europeo de mercancías para el Mediterráneo, desdoblamiento del corredor Levante-Cataluña, primeros pasos del eje de AVE del Ebro (Pamplona-Vitoria), etcétera. Hay que advertir que lo tenía fácil, tras la etapa de su predecesora, la huraña Magdalena Álvarez, que enervó a más de media España.
Fuera ya de las infraestructuras, hay otros episodios en los que Cascos y Blanco realizaron la labor de «visitadores» de su partido en Asturias. Allá por 2000 el gallego, recién elegido secretario de organización en el congreso del PSOE, vino a conocer el incendio entre la FSA y el presidente Areces, cuando éste destituyó al presidente de Cajastur, Manuel Menéndez, y nombró al que sería conocido como «Paulino el Breve». La FSA le hizo rectificar y durante tres días y dos noches Blanco comprobó cómo el que entonces mandaba era Ángel Fernández Villa. La cara de agotamiento de Blanco, la sonrisa de Villa y el rostro tenso de Areces -en las fotos finales de la visita- evidenciaban que el hoy ministro había asentido mucho y, tal vez, aprendido algo con aquel suceso.
En cambio, Álvarez-Cascos venía ya «aprendido» a Asturias cuando puso en marcha el bulldozer frente a Sergio Marqués, bajo el lema «prefiero partido sin gobierno que gobierno sin partido». Lo logró. Ahora habrá que esperar unos meses para saber si, con Cascos de regreso, las vías de ministro y ex ministro se cruzan de lleno.